Florentino Sarmiento Tepoxtécalt

 

La Noche de Brujas es una amalgama de celebraciones, pensamientos y actividades que conjugan las tradiciones celtas, inglesas y, recientemente, estadounidenses. Esa fusión no ha sido la superposición de un elemento cultural por otro (sincretismo), sino que ha sido cuidadosamente seleccionado por las sociedades para incorporarla sin que cause mayor conflicto en su forma de vida. A esa selección y reasignación de significados debe llamársele reelaboración simbólica.

Entre los celtas había cinco días en los que los espíritus de familiares, así como malignos podían regresar a la tierra. Para protegerse de los espíritus malvados, realizaban enormes fogatas y reuniones grupales; a la entrada de las casas colocaban tubérculos con una vela para alumbrar las casas; además creían que tenían que hacer un trato con un espíritu llamado Jack O’Lantern, de lo contrario conjuraría una maldición contra la casa y sus habitantes.

Cuando los irlandeses llegan a Estados Unidos, y con una aparente sobreproducción de calabazas, y siguiendo la tradición de protección doméstica, usan calabazas; los niños comienzan a imitar el lejano relato para solicitar el intercambio de un dulce o, de lo contrario, realizarían una travesura.

Durante el llamado oscurantismo, la cacería de brujas justificó el homicidio de cientos de mujeres que no aceptaron la sumisión a los hombres en el ámbito de la política, religión, economía y en la vida cotidiana. Así, a la mujer se le asoció al mal al considerarla bruja, y en consecuencia fue incorporada al Halloween, (piénsese por qué no existen relatos de hechiceros, incluyendo el mismo nombre de la celebración: Noche de Brujas).

Poco a poco, aquellos elementos, narraciones y personajes de culturas sometidas a reinos que reconocían en el Papa alguna autoridad, y que escapaban del control de la iglesia católica, forjaron personajes siniestros que tuvieron cabida en el Halloween: hombres lobo, vampiros, hadas, duendes, etc.

En México, las celebraciones celtas coinciden con las festividades prehispánicas del término de cosecha y a los muertos; pero a nosotros ha llegado una versión del Halloween más cercana al consumo y a las actividades lúdicas, proveniente de la cultura pop norteamericana. 

En las ciudades y zonas metropolitanas, así como en algunas zonas rurales con alta influencia de migrantes hacia Estados Unidos, es posible ver figuras siniestras cuidando el frente de las casas. Los niños piden “su calaverita” con calabazas cosechadas en los campos de su familia, o bien compradas, con cajas de zapatos o de algún producto comercial, otros más, usan calabazas de plástico. 

En las ofrendas también es posible observar pequeños vampiros, diablillos y algodón que simula las telarañas. Las hojaldras se venden al lado de panes de dulce con alusiones demoniacas. Las narraciones sobre Chaneques, El Nahual, El Charro Negro, Sirenas, Encantos, y por supuesto, no podía faltar la reina de todas las leyendas: La Llorona, ahora forman parte del repertorio oral que se usa para espantar a los niños en los albores de la Noche de Brujas.

Es la reelaboración simbólica lo que ha permitido que todos esos elementos puedan convivir en la imaginería de la sociedad y de la cultura. Pero esta adaptación es producto de la influencia que ejerce la publicidad para motivar el consumo. Piénsese en las películas: 007 Spectre que generó una gran cantidad de desfiles de calaveras a lo largo y ancho de nuestro país; otro ejemplo es la película Coco, cuyo ícono (la guitarra) es reproducida en muchos sitios para su compra.

Pero no todo es reelaboración simbólica, también existen innovaciones por parte de nuestra sociedad que responde, sí a los intereses de la venta y el consumo, pero también se tratan de adaptaciones y reactualizaciones de elementos de la época: el pulque de cempasúchil, la hojaldra gourmet rellena de cualquier fruta o tubérculo sea posible; pero la más sorprendente ha sido las gordimuertas o garnihojaldras, que son garnachas que imitan la forma de pan de muerto.

Sin duda, las tradiciones son sorprendentes porque siempre están en constante transformación, siempre se renuevan porque la sociedad no para de modificarse. Así que, en los días siguientes, disfruta del bello espectáculo de colores, olores y texturas. Honremos a nuestros difuntos, disfrutemos la vida en esta época de miles de muertos.