El amasiato

Álvaro Delgado, escritor y articulista del semanario Proceso, publicó en el año 2016 su última obra titulada: “El Amasiato. El Pacto Secreto de Peña-Calderón y otras traiciones panistas”. En dicha obra, el experto en temas de ultra derecha y el panismo relata una reunión que en 2006, en vísperas de la elección presidencial, en la que interlocutores del entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, y del candidato presidencial panista, Felipe Calderón Hinojosa pactaron una cosa: traicionar al PRI y a su candidato, Roberto Madrazo, para hacer una suerte de voto útil en pro de Calderón; a cambio, Calderón se comprometía a operar para que su sucesor fuera el propio Peña Nieto; mismo pacto se concretó y se agregó una cláusula más, hacer que Margarita Zavala, cónyuge del panista fuera la sucesora de Peña. Además, relata los pactos que el actual presidente hizo con gobernadores panistas y el propio candidato presidencial del Frente por México, Ricardo Anaya Cortés, para impulsar las reformas del Pacto por México. No es usual que un político tan joven como Anaya haya prosperado en la política de la noche a la mañana. Las complicidades entre Peña y Anaya hicieron que su carrera creciera como la espuma. No podría ser de otra manera. Los años pasaron y el otrora aliado se convirtió en verdugo del presidente. Azorándolo día y noche con temas de corrupción. Hasta que, como en una puerta giratoria, le reviraron los agravios al “Chico Maravilla”. Todo esto, bajo la complacencia del grupo del ex presidente Calderón, incluida, claro está, su esposa Margarita Zavala. La encuesta que publicó hoy el periódico Reforma revela parte de ese “amasiato”.

El puntero, AMLO creció en el mes de abril 6% para alcanzar el 48%, seguido de Anaya con un decrecimiento de 6% para quedar en 26%; el candidato del PRI, en un lejano tercer lugar y manteniéndose en el mismo porcentaje de 18%, en cuarto lugar, y es aquí donde viene el análisis; Margarita Zavala con un 5%; y en último lugar “El Bronco” con 3%. Si analizamos con detenimiento, podemos observar como el desplome de Anaya fue casi del mismo porcentaje que tiene Margarita. Es decir, pulverizaron su voto. Usted se preguntará, ¿Para qué quitarle votos a Anaya, cuando Meade sigue estancado en un tercer lugar? La posible respuesta se encuentra en lo que el expresidente Carlos Salinas de Gortari acuñó como una “concertacesión”. Es decir, un cochupo electoral. En otras palabras, están poniéndole precio a la victoria de Anaya, muy alto, por cierto. En el que sobresalen seguramente, pactos de impunidad ilimitados para la clase peñista. Si no me cree, dé una revisada a las declaraciones que Meade y Anaya han vertido en últimas semanas. No se tocan. Las baterías están enfocadas en el puntero, quien crece de manera incontrolable ante los dislates del PRIAN, que decidieron la estrategia equivocada, pelearse entre ellos por el segundo lugar. Intentan hacer lo que Calderón hizo con el PRI en 2006, al convertirse en beneficiario del voto útil. Doce años después, la película se repite. Está por consumarse otro amasiato, pero ahora con un panista incómodo al presidente y al expresidente. El miedo a Andrés Manuel López Obrador es tal, que aplica en su totalidad una de las máximas de Sun Tzu: “El enemigo de mi enemigo, es mi amigo”.

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