Pensar en Puebla

Por: Felipe Flores Núñez

Superada la incertidumbre que prevaleció lastimosamente en Puebla durante largos meses por diversas e inéditas circunstancias, y tras la jornada electoral de este domingo – no tan participativa como se esperaba -, finalmente Luis Miguel Barbosa Huerta fue electo Gobernador Constitucional. El reto será dejar atrás la disputa partidista, los enconos y los rencores que polarizaron el tejido social. Conviene ahora mirar hacia adelante para fraguar una nueva etapa que puede ser histórica para Puebla. Fue tal la escisión, que hoy se reclaman esfuerzos extraordinarios. Ya en tiempos aciagos y de extremo apremio, los poblanos han dado muestras fehacientes de civilidad, tolerancia y concordia. Hace casi medio siglo, otro ambiente conflictivo inspirado en luchas ideológicas fragmentó la base social y amenazó la sana convivencia.

De aquel episodio, en el que finalmente prevaleció la unidad, el interés colectivo y el amor a Puebla, salimos airosos, más fortalecidos. El llamado del aquél entonces gobernador Alfredo Toxqui de Lara para cancelar odios y rencores tuvo el efecto deseado y se pudo transitar hacia senderos de progreso y desarrollo. Imperó entonces la reconciliación, que es ahora justamente a la que convoca el gobernador electo. No se trata de un simple “borrón y cuenta nueva”, sino que más bien, superados los días infaustos, se proceda a privilegiar el diálogo, construir proyectos, sumar voluntades y consensar los acuerdos que mejor convenga a Puebla. La aspiración es que en Puebla sea cimentado un auténtico régimen democrático, que se revaloren las instituciones, que se consolide la estabilidad social y política, que se atienda a los que menos tienen, que se gobierne con probidad y transparencia, y que se combata frontalmente a la criminalidad. Puebla reclama, y merece, paz, armonía, trabajo y progreso. Esa es la expectativa porque se trata, en suma, de pensar en Puebla.

 LECTURAS

 El resultado de la jornada electoral de la víspera trasluce muchas lecturas. Habrá tiempo para un análisis más ponderado y para emitir juicios de mayor envergadura. No obstante hay aspectos significativos de pronta interpretación. Uno de ellos, la muy baja participación ciudadana, que de acuerdo a la información disponible, revela un nivel de votación de apenas el 33.4 por ciento, la más baja de la que se tenga memoria. El alto abstencionismo se puede explicar por la desafección política imperante, la crispación del entorno, la reiteración de procesos electorales para la gubernatura – tres en igual número de años-, y por la baja expectativa ciudadana respecto a la oferta partidista. Tras reconocer este hecho poco alentador, Luis Miguel Barbosa ha dicho que son más los votos no ejercidos que aquellos que no votaron por él, ante lo cual adelantó que irá por esos sectores ausentes para convencerlos de que será un buen gobernador, y que su gestión será diferente para recuperar la confianza que no tienen en la autoridad por la vía de la reconciliación y mediante un gobierno sin sectarismos. Otro dato relevante de la jornada es que Morena no ganó en la capital poblana ni en los municipios conurbados en los que gobierna en el ámbito municipal.

La señal para los actores involucrados deberá ser ponderada y atendida. Una más es la desproporción en los cálculos previstos a partir de las encuestas y estudios de opinión previos a la jornada electoral. En este caso justo es decir que tales proyecciones de derivaron de un momento determinado, fueron -como bien se sabe- una fotografía a la hora del estudio demoscópico, y por tanto, el cálculo era susceptible a modificarse en función de diversas circunstancias. Como bien afirmaba la hoy extinta y prestigiada encuestadora María de las Heras, “si las encuestas sirven para ver hacia el futuro, es porque están fincadas en el presente y, significativamente, porque este momento es producto del pasado”.

No obstante, en su modelo que llamó “Inercia y Circunstancia”, De las Heras consideraba que como aseguran los que practican la democracia de mercado, “también existen electores que deciden su voto a partir de circunstancias, pero este tipo de elector es mucho menos importante en número que los electores inerciales y, por añadidura, la probabilidad de que acuda a votar el día de la elección es mucho menor”. Entonces, ¿fallaron los encuestadores? Tal vez no.

En todo caso, los partidos hicieron “política de mercado” y desdeñaron a quienes De las Heras llamaba “electores inerciales”, que en última instancia son los que aseguran absoluta fidelidad.