Florentino Sarmiento Tepoxtécatl

 

La expansión urbana de los centros habitacionales, llámense pueblos, colonias, barrios y/o desarrollos inmobiliarios en la ciudad de Puebla, generaron la aparición de una gran cantidad de material arqueológico que no siempre fue reportado a las autoridades del INAH, por miedo y/o desconocimiento.

En otras ocasiones, bastaba con que la tierra fuera surcada por animales de tiro o con el tractor para que aparecieran trozos de barro que, sin duda, son partes de vasijas, jarrones, esculturas, platos, etc. 

Cuando se rascan los cimientos para las casas, también han sido ocasiones para que vean la luz algunas esculturas, que, según dicen los mitos del gremio de la plomada y la cuchara, ´son ídolos aztecas´.

Pero todos estos descubrimientos no se dan a conocer a cualquier persona; regularmente sólo lo saben familiares cercanos y, en ocasiones, algunos amigos. Estos preciados objetos se guardan celosamente en el interior de la casa, aunque muchas de esas piezas no alcanzarían a convertirse en piezas de algún museo por el mal estado en el que se encuentran. 

Cabe señalar que otras personas han heredado las piezas, sea de sus abuelos o algún otro familiar, que obtuvieron las piezas bajo las circunstancias antes señaladas. 

Poseer alguna pieza arqueológica es una gran responsabilidad porque ahí descansa parte de una historia milenaria, de la cual todos los mexicanos somos parte. 

Si usted posee o encuentra alguna pieza u objeto arqueológico, lo mejor es darlo a conocer a las autoridades del INAH. Si decide lo contrario, no la ponga a la venta. Evitemos el saqueo de nuestro patrimonio histórico.