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Las sanciones a la economía rusa no han surtido todo el efecto esperado, un aumento de su comercio con Brasil, India, China y Sudáfrica ha significado un alivio para sus arcas; Rusia puede aguantar indefinidamente, pero cada vez le va a afectar más a Europa
La Jornada
La guerra económica que mediante sanciones de todo tipo desataron Estados Unidos y sus aliados contra Rusia –en respuesta a la otra guerra que ésta lanzó contra su vecino eslavo, Ucrania– no ha detenido la llamada operación militar especial y hasta resulta contraproducente.
Las sanciones aplicadas a la economía rusa no han surtido todo el efecto esperado. Es la versión ofrecida por el economista Santiago Niño Becerra en una entrevista en el programa ‘La Ventana’ de la ‘Cadena SER’, donde ha repasado toda la actualidad política y económica.
Según el economista, dichas sanciones tienen un “efecto boomerang” motivado por un aumento de la actividad comercial de Rusia con los denominados BRICS – grupo que incluye también a Brasil, India, China y Sudáfrica – y que ha supuesto un alivio para las arcas públicas rusas. “Rusia puede aguantar indefinidamente, pero cada vez le va a afectar más negativamente a Europa”.
Por otra parte, recomendó a Bruselas apostar por el “desminado de los puertos” para salir del bloqueo de los puertos ucranianos y garantizar así las exportaciones de grano y cereal. En este sentido, detalló que el hecho de que Rusia no se opondrá al proceso de desminado y al papel de mediador de Turquía en el proceso como claves para llevar a cabo las exportaciones. “El grano y la hambruna se van a disparar, ¿Quién va a ganar esa guerra? Nadie”, explicó durante la entrevista.
El papel desempeñado por Pekín y Nueva Delhi, que adoptaron una postura neutral en el inicio de la invasión rusa, y que ahora han apostado por estrechar la relación bilateral con Moscú mediante un incremento de las exportaciones e importaciones. “China compra a todo quien quiera venderle a precio más bajo”, dijo Niño Becerra en ‘La SER’, mientras que de India sostuvo que parte del petróleo comprado a Rusia, este “se lo vende a Europa”.
De hecho, India paralizó las exportaciones de trigo al resto del mundo por temor a que la inflación continúe incrementándose, ya que en el mes de abril subió hasta el 7.79%. “El Gobierno de la India se compromete con los requisitos de seguridad alimentaria de la India, países vecinos y otros países en desarrollo vulnerable que se ven afectados negativamente por los cambios repentinos en el mercado mundial de trigo”, aseguró el Ejecutivo indio.
“Se aproxima un invierno complicado”
Además, el economista advirtió sobre lo que sucedería en caso de que se cierre “el flujo del gas” y Europa se quede sin suministro de gas ruso. “Se aproxima un invierno complicado”, sentenció sobre ese supuesto escenario. Por el momento, hay cinco países europeos que no cuentan con suministro de gas ruso.
Estos países son Bulgaria, Polonia, Finlandia, Países Bajos y Dinamarca, a los que se suman Alemania y Francia, aunque en su caso, solo han visto reducida la cantidad de gas ruso procedente del gasoducto Nord Stream I. El motivo, su negativa a aceptar las demandas del Kremlin para pagar el gas ruso en rublos. El país germano era el país con mayor volumen de importaciones de gas ruso de toda la Unión Europea, con un porcentaje superior al 50% en el periodo previo a la guerra en Ucrania.
Sin ánimo de repetir lo que es sabido, para ubicar el tema en su contexto vale la pena recordar –a modo de síntesis– el desmesurado precio que se ven obligados a pagar los consumidores europeos por la energía eléctrica y por la gasolina, debido al incremento del precio del gas natural (que se usa para generar electricidad) y del petróleo.
Se quiere castigar a Rusia y los europeos acaban pagando más por todo, pues las subidas de la energía eléctrica y la gasolina repercuten negativamente en una inflación que se extiende a todos los ámbitos.
Al bloquear la importación de cereales rusos contribuyen a generar la amenaza de crisis alimentaria en el mundo; al cancelar sus negocios con contrapartes rusos, dejan de ingresar millones de euros; al cerrar sus tiendas en Rusia, pierden un mercado que era prometedor; al cerrar el espacio aéreo europeo, dejan de recibir el flujo de turistas rusos que se ven forzados a buscar otros destinos.
Es una verdad incontestable y define la mitad de lo que está pasando en el corto plazo.
Los medios de comunicación locales, la televisión ante todo, que constituyen aquí la única fuente de información autorizada, prefieren no hablar del otro lado de la moneda: las severas dificultades que ya está generando en Rusia esa avalancha de sanciones y que, en opinión de Tatiana Mijailova, investigadora de la moscovita Escuela Superior de Economía, van a excluir a Rusia de la cadena mundial de producción, provocar su aislamiento y retraso tecnológico, lo cual llevará a su degradación paulatina.
Los sectores que utilizaban componentes extranjeros –la aviación, la industria automotriz, la agricultura, la industria petrolera (este mismo sábado se informó que la extracción de petróleo en el proyecto Sajalín-1 se detuvo al irse del mercado ruso ExxonMobil)– son los primeros en resentir las sanciones, al tiempo que la caída de los ingresos reales de la población, por ahora del orden de 8 por ciento con datos de mayo, van a reducir el sector servicios y tendrán que cerrar muchas empresas, aumentando hacia fin de año el desempleo.
Muchas empresas tienen serios problemas para sustituir las altas tecnologías que importaban y las piezas de repuesto que necesitan, lo cual frena su producción. Aunque parezca increíble esa dependencia de las altas tecnologías foráneas afecta, según el experto militar Liev Fiodorov, incluso a la fabricación del famoso Armata, publicitado como el mejor tanque del mundo, pero que el ejército ruso dispone de no más de 10 unidades que sólo usa en los desfiles en la Plaza Roja.
Para paliar esta situación Rusia legalizó las importaciones paralelas, que son productos legalmente fabricados en otros países que se importan sin permiso del titular de los derechos de propiedad intelectual, como define el concepto la Organización Mundial de Comercio.







