Florentino Sarmiento Tepoxtécatl

 

Entonces las personas dejaron de congregarse, sea por miedo, por acato o por prevención. Las puertas de los museos cerraron, ya no hubo grupos escolares para que les fueran explicadas las minucias de esos lugares. 

Los conciertos multitudinarios fueron cancelados, incluso aquellos pequeños conciertos y recitales en los lugares lejos de la transmisión del Covid-19 (durante marzo y abril); ningún género musical fue la excepción. 

Decenas de festivales y ferias, sino reprogramaron, tuvieron que inhabilitar sus presentaciones y actividades; y eso incluyó desde la feria del nopal, del queso, del vino, de la gordita y un extensísimo etcétera. 

El turismo nacional e internacional ya no asistió a sus destinos; la derrama económica no llegó justo en uno de los periodos vacacionales más importantes en el año. En aquellos lugares que en años recientes habían comenzado a recibir turismo, pronto se vieron afectados, y sus planes de crecimiento, interrumpidos.  

La moda detuvo la maquila, momentáneamente. Algunos giros comerciales pronto cambiaron la producción de vestidos y se volcaron sobre los cubrebocas; algunos con distintivos, otros con diseños sencillos. Otros corporativos adoptaron e incorporaron las mascarillas al outfit ´para estar a la moda´. Las poblaciones originarias o descendientes de pueblos originarios plasmaron su cultura en los cubrebocas, algunos ven su venta en el mercado nacional, otros en el internacional. 

La muerte rondó por los caminos de la cultura, y lo seguirá haciendo; desafortunadamente se han adelantado músicos, actores, pintores, escultores, restauradores, por mencionar especialidades y evitar la nominación.  

Las bromas y memes por la muerte en México son una constante. Pronto vendrá la producción de catrinas con cubrebocas o con ropajes de trabajadores de la salud. El llanto, la pena y el dolor se mezclará con la producción de calaveras que podremos leer en internet, en los trabajos escolares de la educación básica y en los concursos de ofrendas (¿posiblemente virtuales?) organizados por escuelas y ayuntamientos. 

La transmisión de actividades en línea ha sido un buen medio para mantener la comunicación y vigencia de las actividades culturales. Mucho se ha dicho que la cultura no es una actividad fundamental o de primera necesidad; pero sin ella, el confinamiento sería insostenible.