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A principios de 2020, el nombre de Héctor Alejandro Cabrera Fuentes solía aparecer en los titulares de la prensa por sus desarrollos en la medicina y los reconocimientos que había recibido
BBC Mundo y El País
Una operación de presunto espionaje llevada a cabo por este científico mexicano fue frustrada por agentes federales de Estados Unidos en Miami a mediados de febrero, reveló el Departamento de Justicia de ese país.
El hombre y su esposa fueron detenidos en esa ciudad de Florida en posesión de información que el gobierno de EE.UU. considera parte de una acción ilegal en su territorio.
El sospechoso tenía como objetivo ubicar el vehículo de “una fuente del gobierno de Estados Unidos” y tomar una fotografía de su matrícula, sostiene el Departamento de Justicia.
Según la investigación, lograron el cometido, pero fueron detenidos en el Aeropuerto Internacional de Miami, cuando pretendían viajar a México.
Cabrera Fuentes está acusado de “actuar dentro de Estados Unidos en nombre de un gobierno extranjero (Rusia), sin notificar al Fiscal General, y conspiración para hacer lo mismo”.
Ahora, el hombre tiene pendiente una audiencia de cargos en un tribunal de Miami. Las autoridades en Rusia no ofrecieron comentarios sobre el caso de forma inmediata, reportó el servicio ruso de la BBC.
La presunta misión de “espionaje”
El Departamento de Justicia de EE.UU. afirma que un funcionario ruso “reclutó” al mexicano en 2019.
Según los investigadores estadounidenses, el funcionario ruso le encargó primero que rentara una propiedad específica ubicada en el condado Miami-Dade, Florida, bajo la condición de que no fuera alquilada a su nombre.
Después de hacerlo, el científico mexicano viajó a Rusia e informó a su contacto del gobierno sobre los arreglos: “el funcionario lo aprobó y le dijo a Cabrera Fuentes que lo volviera a ver en su próximo viaje a Rusia”, dicen los documentos judiciales.
No podía contar de las reuniones con los rusos, ni siquiera a familiares.
En febrero, y siempre de acuerdo a la acusación, el mexicano viajó nuevamente a Moscú y se reunió con el funcionario ruso que le proporcionó la “descripción física del vehículo de una fuente del gobierno de EE.UU.” que debía encontrar en Miami.
“Le dijo a Cabrera Fuentes que localizara el automóvil, obtuviera el número de matrícula de la fuente y anotara la ubicación física del vehículo”, dice el Departamento de Justicia.
Luego de completar la misión, el mexicano debía viajar a Rusia en abril o mayo pasados para informar de su averiguación.
Cabrera Fuentes viajó a Miami desde Ciudad de México el 13 de febrero.
Al día siguiente, según la acusación, usó un auto rentado para seguir a su objetivo y al ingresar a la propiedad donde este residía “llamó la atención de un guardia de seguridad”, pues obtuvo acceso al lugar siguiendo a otro vehículo.
Mientras un guardia de seguridad se aproximaba al vehículo del mexicano para averiguar qué pasaba, su esposa se acercó al vehículo de la fuente del gobierno de EE.UU. y “tomó una fotografía de la matrícula”, denuncia el Departamento de Justicia.
“Cuando la seguridad le preguntó a Cabrera Fuentes y a su compañera sobre la naturaleza de su presencia en el edificio, Cabrera Fuentes proporcionó el nombre de una persona a quien supuestamente estaban visitando”, señala.
El 16 de febrero, el mexicano y su esposa fueron interceptados en el aeropuerto de Miami por agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) cuando intentaban partir hacia Ciudad de México.
Los agentes inspeccionaron el teléfono de la esposa de Cabrera Fuentes y “encontraron una imagen de primer plano de la placa del vehículo de la fuente del gobierno de EE.UU. en la carpeta de ‘eliminados recientemente’ de su teléfono”.
“Cuando se le preguntó sobre la imagen, Cabrera Fuentes admitió que le había encargado a su compañera que tomara la foto de la matrícula del vehículo. La revisión de los agentes del teléfono de Cabrera Fuentes reveló un mensaje de WhatsApp de su compañera enviado a Cabrera Fuentes con la misma fotografía de la placa del vehículo”, detalla la acusación.
“Admitió ante los agentes de la ley que un funcionario del gobierno ruso le ordenó que realizara esta operación”, añade.
Los nombres del funcionario ruso o la “fuente del gobierno estadounidense” no se especifican en el documento.
¿Quién es Fuentes Cabrera?
Nacido en la región del Istmo del estado de Oaxaca, Cabrera Fuentes actualmente tenía residencia en Singapur, según el Departamento de Justicia de EE.UU.
Hizo sus primeros estudios en México y después obtuvo un doctorado de Microbiología Molecular en la Universidad de Kazán (Rusia), y en Cardiología Molecular en la Universidad de Giessen (Alemania).
El Instituto de los Mexicanos en el Exterior lo menciona como uno de los connacionales destacados en el extranjero.
Entre sus trabajos está el desarrollo de un tratamiento para regenerar la piel quemada elaborado en el Centro de Biotecnología-Femsa del Instituto Tecnológico de Monterrey (México).
También desarrolló una técnica para evitar la muerte celular después de un episodio cardiaco, como un infarto, lo cual ayuda a que los pacientes tengan más probabilidades de tener atención de emergencia oportuna y salvar su vida.
“Yo soñaba con ser científico y lo logré”, le dijo al diario mexicano El Universal en 2019, luego de recibir un reconocimiento de la Universidad de Giessen por sus logros científicos.
La operación lo tenía todo para que saliera bien
Un académico reconocido, que se movía por las mejores universidades gracias a sus títulos, y una misión relativamente fácil de ejecutar.
Héctor Alejandro Cabrera Fuentes nació hace 35 años en El Espinal, una pequeña comunidad de Oaxaca, uno de los estados más pobres de México. Tenía pasaporte con varios visados y transitaba sin problemas por Estados Unidos, Francia o Alemania. Era un candidato perfecto para que Rusia se fijara en él.
El último encargo que le hicieron era proporcionar fotos y datos sobre un agente estadounidense del FBI que estaba investigando las actividades del espionaje ruso en Florida.
Atrapado entre dos superpotencias, como si se tratara de un thriller de la Guerra Fría, Cabrera admitió ante el FBI que Rusia lo había presionado para que se convirtiera en informante a cambio de sacar del país a las dos hijas que tiene con una mujer rusa. Cuando el caso llegó a las noticias se revelaron todo tipo de detalles rocambolescos: una confesión que enterraba la reputación de uno de los científicos más prometedores de México, dos esposas separadas por más de 8,000 kilómetros de distancia y tres continentes involucrados en una trama de espionaje y conspiración internacional.
¿Trabajando para Putin? ¿Espía ruso? ¿Otra esposa?
Esas acusaciones “son patrañas”, responde su tía, Ana García, de 66 años. Para los habitantes de El Espinal, un humilde municipio de 10,000 habitantes, Héctor Cabrera es prácticamente un héroe. Becado para formarse como microbiólogoen Rusia. Galardonado por el entonces presidente Dimitri Medvédev con el premio a la mejor tesis de maestría. Doctor con honores por la Universidad de Giessen (Alemania). Conferenciante de la Sociedad Europea de Cardiología. Contratado por la Universidad Nacional de Singapur como uno de los principales investigadores de un estudio sobre enfermedades cardiovasculares.
Cabrera, el genio que habla seis idiomas y que llegó a alturas inesperadas en un lugar acostumbrado antiguamente a ver crecer solo el trigo y el sorgo. “Nací en un lugar donde la gente tiene que trabajar duro para tener una vida mejor y con ese mantra he llegado adonde estoy”, escribía el investigador en una carta enviada a la Universidad de Giessen en 2017.
“No me cabe en la cabeza que Hectorcito sea un espía”, lamenta su tío Javier Fuentes, de 64 años. En su pueblo hay quienes piensan que una mano negra movida por EE UU intenta terminar con su reputación debido a sus investigaciones científicas.
Hasta que fue detenido, el científico trabajaba como investigador en la Escuela de Medicina de la Universidad de Duke y en la Universidad Nacional de Singapur, donde tenía un sueldo de 7,500 dólares mensuales. Paralelamente recibía 5,000 dólares por trabajar para una compañía israelí con sede en Alemania. El científico reconoció en un tribunal de Florida que su patrimonio era de 100,000 dólares repartidos en cuentas bancarias de México y Estados Unidos.
Parte de ese dinero lo usaba para ayudar a su pueblo. “Lo veía y pensaba: ‘Me gustaría ser como él”, dice Nashira Solórzano, una joven de 17 años beneficiada por la asociación Por Oaxaca Más Investigadores, fundada por Cabrera, con una estancia de investigación en octubre pasado. “Nunca me imaginé visitar Singapur, me abrió el panorama de lo que quería ser como músico y como persona. Nos ayudó muchísimo”, explica Yoel Matus, de 17 años, miembro del grupo de marimba Perlas y Diamantes, que visitó Asia en 2017 gracias a las gestiones de Cabrera.
Al mexicano también le descubrieron su doble vida
Cabrera se casó en Kazán con una joven musulmana, Aliyá Valéyeva. Tras la insistencia de su suegra rusa, tuvieron una ceremonia tradicional en la mezquita principal de Tatarstán. En una fotografía de ese día, recogida por la prensa local como noticia de que un joven mexicano relevante en la universidad se había unido a una joven tártara, aparece Cabrera sonriente, tocado con el sombrero típico. Ella, con un ramo de rosas rosas y un velo blanco. “Alejandro hablaba ruso perfecto, sin acento y sabía muchas palabras en tártaro”, cuenta Lika Isaeva, que lo entrevistó para el diario local Nuestra Casa Tatarstán. Isaeva, ahora periodista en Komsomólskaya Pravda, asegura que Cabrera tenía mucha vida social y un conocido de esa época resalta que el científico mexicano era “algo mujeriego”.
En 2010, Cabrera y Valéyeva se fueron juntos de Kazán a Alemania. Allí estuvieron varios años hasta que el científico se mudó a Singapur. Ni Isaeva, que mantuvo contacto durante años con la pareja, ni otros conocidos en Kazán saben nada desde hace tiempo de Aliya Valeyéva ni de las dos hijas que tienen en común. No están ni siquiera seguros de que ella haya vuelto a Tatarstán, pero están convencidos de que siguen casados. También creen factible que Cabrera estuviera intentando obtener visados y papeles para ellas.
Según el sumario judicial estadounidense, un agente ruso le ofreció a Cabrera facilitar la salida de sus hijas de Rusia —que habían regresado de Alemania junto con su madre para tramitar sus pasaportes y fueron retenidas por agentes de aduana rusos por razones que se desconocen—, a cambio de que realizara una misión para ellos. “Podemos ayudarnos mutuamente”, le dijo el misterioso hombre que lo buscó tras una conferencia en Moscú.
Desde entonces empezó a colaborar con ellos. En su última misión, los servicios secretos rusos pidieron a Cabrera que localizara el automóvil de un agente del FBI, obtuviera el número de placa y anotara la ubicación física del vehículo. Para ello se coló en una zona residencial de Miami aprovechando que se abrió la puerta y que otro vehículo estaba entrando, eso llamó la atención del equipo de seguridad del edificio, que en minutos encontró al hombre y a su esposa mexicana tomando fotos con su teléfono y los expulsó del lugar.
En el aeropuerto pidieron revisar sus pertenencias. Lo precipitado de su confesión, el uso de una red poco discreta para transmitir información que se supone sensible y el desastre de la operación contrasta con el retrato del conspirador extranjero que pintan los fiscales estadounidenses.
Su gente cercana no sabía de las otras actividades del científico
Una conversación entre el alcalde y la esposa de Cabrera revela detalles que no se conocían sobre lo que sucedió en las horas previas a la detención, después del altercado con los guardias del edificio. “Iban a volar a México por la tarde e iban con poco tiempo para abordar, les pasaba seguido”, relata Matus.








