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Un equipo del Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) logró un hallazgo clave para entender el desarrollo del cáncer de piel tipo melanoma acral, uno de los subtipos más frecuentes en México.
El melanoma acral se manifiesta como una mancha irregular y oscura en palmas de las manos, plantas de los pies y debajo de las uñas. En el país, la mitad de los diagnósticos de melanoma corresponden a este tipo.
La investigación fue encabezada por Patricia Basurto Lozada y Carla Daniela Robles Espinosa, del Laboratorio Internacional de Investigación sobre el Genoma Humano (LIIGH) de la UNAM, en colaboración con el Instituto Nacional de Cancerología (INCAN), el Instituto Nacional de Medicina Genómica, el Instituto Nacional de Câncer, el Wellcome Sanger Institute y las universidades de Utah y Oxford.
El estudio, titulado Ancestry and somatic profile indicate acral melanoma origin and prognosis, fue publicado en la revista Nature.
¿Qué es el melanoma acral?
Es un tipo de cáncer de piel originado en los melanocitos, las células responsables de producir pigmento. A diferencia de otros subtipos asociados a la radiación ultravioleta, el melanoma acral no está directamente relacionado con la exposición solar.
En México se registran entre tres mil y tres mil 500 nuevos casos de melanoma al año, y aproximadamente la mitad son acrales. Este subtipo suele diagnosticarse en etapas más avanzadas, lo que complica el pronóstico.
El hallazgo: genética y ancestría
El equipo analizó muestras tumorales de 92 pacientes mexicanos, secuenciando su ADN para identificar mutaciones específicas.
El descubrimiento central fue que uno de los genes que muta y favorece el desarrollo del tumor varía según la ancestría de la persona.
La población mexicana presenta una composición genética diversa, principalmente amerindia y europea, con un componente africano menor. El estudio encontró que:
Pacientes con mayor ascendencia europea presentaron más mutaciones en el gen BRAF.
Personas con mayor proporción amerindia u otras ancestrías mostraron mutaciones en genes distintos, como KIT.
Este hallazgo explica por qué muchos pacientes mexicanos no responden de la misma manera a terapias diseñadas con base en estudios realizados en poblaciones europeas y estadounidenses, donde el melanoma acral es poco frecuente.
Un parteaguas en la investigación
Las investigadoras subrayan que la falta de estudios genómicos en población mexicana había limitado el desarrollo de estrategias terapéuticas específicas.
El trabajo representa un parteaguas, ya que permite avanzar hacia tratamientos más personalizados y adecuados para la realidad genética del país.

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