Cuando veas a tu vecino…

Por: Felipe Flores Núñez

Muchos son los líderes sindicales, en especial aquellos de mayor longevidad, que durante los días recientes han puesto ya sus barbas a remojar. Y no es para menos. La intempestiva dimisión de Carlos Romero Deschamps a la dirigencia nacional del Sindicato de Trabajadores Petroleros tiene múltiples lecturas, la más visible: el mensaje intrínseco de que ha llegado la hora para desmoronar las viejas estructuras sindicales mediante las cuales, por largos años y en un maridaje convenenciero con los gobiernos en turno, prevaleció por igual la corrupción, la opacidad y la impunidad. Por su enorme contenido simbólico, tiene su lógica que el primer paso se haya dado justo en el gremio petrolero, toda vez que el gobierno actual necesita una dirigencia sindical que sea afín en su propósito de rescatar a Pemex para hacer que la paraestatal sea más productiva y ajena, sobre todo, de cualquier sospecha de corrupción.

Este viraje ocurre –y no es casual- en el contexto de la recién aprobada Ley Federal del Trabajo, que prevé la posibilidad de limitar la permanencia de las dirigencias sindicales, además de permitir a los trabajadores a que puedan elegir a sus líderes mediante el voto libre, secreto y directo. Romero Deschamps renuncia de forma anticipada, toda vez que en diciembre de 2017 había sido reelecto para cumplir un periodo más que finalizaría en 2024. Tal premura hace suponer de la existencia de razones de gran envergadura, si bien se afirma que hubo presiones desde el gobierno federal. Las versiones oficiales afirman que esa fue “una decisión personal”, pero es claro que incidieron las denuncias que afronta actualmente ante diversas instancias por enriquecimiento ilícito y lavado de dinero. El propio Deschamps, en carta pública, argumentó su salida “a la falta de cooperación de Pemex” y denunció que la paraestatal pretende tener el control sindical. A sus 75 años de edad, Romero Deschamps transitó permanentemente en el escándalo.

Llegó al STPRM en 1993, tras un corto liderazgo de Sebastián Guzmán y luego de la caída estrepitosa e inesperada de Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, a quien el gobierno de Carlos Salinas depuso y e incluso llevó a la cárcel por desavenencias políticas. Desde entonces, ha sido diputado federal en tres ocasiones y en otras dos Senador de la República, siempre por la vía plurinominal. Empoderado a grado extremo, y pese a múltiples acusaciones por corrupción y desproporcional enriquecimiento, Deschamps fue intocable durante las administraciones de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto. Uno de los mayores escándalos de Carlos Romero fue el Pemexgate, cuando se descubrió el desvío de mil 500 millones de pesos del Stprm para financiar la campaña presidencial de Francisco Labastida. A las sospechas de una vida suntuosa se sumaría la difusión profusa de imágenes de su hija Paulina a bordo de yates y aviones privados y, luego, del obsequio que hizo a su hijo José Carlos de un lujoso automóvil Ferrari.

La suerte parece haberle cambiado a partir del arribo de la 4T. A la ceremonia para celebrar el 81 aniversario de la expropiación petrolera no fue invitado por el gobierno federal. Ni tampoco a la comida oficial de líderes sindicales con el presidente Andrés Manuel López Obrador, con motivo del Día del Trabajo. Ante este escenario, qué pensarán ahora los émulos del legendario e icónico Fidel Velázquez, quien fue fundador de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y se mantuvo al frente de esa poderosa organización durante 47 años. Entre esos perpetuados destaca Francisco Hernández Juárez, líder del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana desde 1976, esto es, 43 años en la dirigencia, y Armando Neyra Chávez, dirigente sindical de la Industria Embotelladora desde hace 32 años.

Otros más en la lista negra: Víctor Flores, líder del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros desde hace 24 años (insinúan que es el que sigue) y Joel Ayala Almeida, dirigente de los trabajadores al Servicio del Estado, con 21 años de abnegada gestión. Otro sería, o debería ser, el líder de los mineros Napoleón Gómez Urrutia, desde 2002, pero hoy su afinidad con la 4T lo hace más fuerte que nunca, situación que merece, a falta de espacio, de una reflexión posterior.