Los análisis también revelaron la extensión y naturaleza del caparazón de lodo, el cual envuelve completamente el cuerpo y se encuentra en capas dentro de las envolturas de lino 

Infobae

Fotografia: EFE/PLOS ONE

Un caparazón de barro que envuelve a una momia es el raro tratamiento mortuorio identificado en una momia egipcia, de la que además se ha descubierto que el cuerpo es anterior al ataúd, lo que sugiere que fue colocado allí por comerciantes del siglo XIX para venderlo como conjunto completo.

Un estudio que publico Plos One da cuenta de un nuevo análisis con técnicas modernas de un individuo momificado de la dinastía XX de Egipto.

Aunque este tratamiento del caparazón de barro pintado no se había documentado anteriormente en la literatura, los autores señalan que aún no es posible determinar su frecuencia y sugieren que nuevos estudios radiológicos en otras momias no de la realeza podrían revelar más sobre esta práctica.

La momia depositada en el Museo Chau Chak Wing de Sídney ya había sido sometida a una tomografía computarizada (TC) completa en 1999, pero los autores, encabezados por Karin Sowada, de la Universidad Macquarie de Sídney lo repitieron con tecnología actualizada.

Los nuevos datos de la dentición y el esqueleto determinaron que se trataba de un joven adulto medio (26-35 años) y las características sexuales secundarias óseas (huesos de la cadera, mandíbula y cráneo) “sugieren claramente” que era una mujer, explica la Universidad.

Los análisis también revelaron la extensión y naturaleza del caparazón de lodo, el cual envuelve completamente el cuerpo y se encuentra en capas dentro de las envolturas de lino.

Los estudios de cuerpos momificados desde finales del Reino Nuevo hasta la Dinastía XXI (1294-945 a.C.) han informado ocasionalmente de la existencia de un duro caparazón resinoso que protegía el cuerpo dentro de su envoltura, especialmente en el caso de las momias reales de la época.

Sin embargo, una cáscara de barro que encierra el cuerpo de una mujer momificada dentro de las envolturas textiles “es una nueva adición a nuestra comprensión de la antigua momificación egipcia”, según los responsables de las investigación.

Las imágenes pusieron de manifiesto que el cuerpo habría sufrido daños relativamente poco después de la momificación inicial, y que el caparazón de barro y las envolturas adicionales se aplicaron para reunificar y restaurar el cuerpo.

Además de su propósito práctico de restauración, los autores creen que el caparazón “daba a quienes cuidaban del difunto la posibilidad de emular las prácticas funerarias de la élite de recubrir el cuerpo con una costosa cáscara de resina importada con materiales más baratos y disponibles en el lugar”.

Pero el estudio también sacó a la luz otro detalle, y es que la datación de la momia y sarcófago que la contiene no coinciden.

Ambos fueron comprados como un conjunto por el egiptólogo y uno de los fundadores de la Universidad de Sídney, sir Charles Nicholson, durante un viaje a Egipto en 1856 y lo donó al centro educativo.

La inscripción del sarcófago identifica a la propietaria como una mujer con título llamada Meruah, y la iconografía lo data aproximadamente en el año 1000 a.C.

Sin embargo, el análisis actual de la técnica de momificación y la datación por radiocarbono de las muestras textiles de las envolturas de lino sitúan el cuerpo momificado a finales del Reino Nuevo (c. 1200-1113 a.C.).

Esto significa que el cuerpo es más antiguo que el ataúd, lo que sugiere, según los autores, que “los comerciantes locales del siglo XIX colocaron un cuerpo no relacionado en el ataúd para venderlo como un conjunto completo”.