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A pesar de que dependencias estatales, como la Fiscalía General del Estado, han establecido que es necesario contar con un perfil psicológico para procesar a un presunto feminicida, la ley parece amparar esta decisión, bajo el derecho de la no autoincriminación.
Por: Eduardo Sánchez
Los casos de feminicidio en México se han convertido en un problema que crece a pasos agigantados, debido a que se carece de medidas para la correcta atención y prevención de este delito. Aunque los estudios sobre el tema son escasos, algunos expertos coinciden en que los potenciales feminicidas tienen ciertos rasgos que permiten identificarles. Aunque el desconocimiento sobre la importancia de los asesinatos de mujeres por razones de género es una de las razones por las cuales el problema se agrava, el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) ha identificado que las principales características de los feminicidios son la impunidad y la brutalidad con la que se cometen los actos de violencia. La doctora Patricia Olmedin ha declarado que algunos de los factores para que un hombre ejerza violencia contra las mujeres son: raza o grupo étnico, nivel de ingresos, cultura, nivel educacional, edad y religión. Aunado a esto, expertos del Inmujeres han revelado que, desde el punto de vista de los derechos humanos, algunos de los rasgos para identificar a un posible feminicida radican en las conductas de superioridad, machismo y misoginia.
Expertos en este rubro, como la criminalista Edwina Leslie Bain Hernández y el psiquiatra forense, Alejandro Soto Chilaca, coindicen en que los hombres que son controladores, egoístas, impulsivos, indolentes, irritables, son feminicidas en potencia. Al igual que la doctora Olmedin, han declarado que el trato y la educación que observan y reciben en su entorno influyen en la desvalorización de la mujer, al pensar en ella sólo como objeto. Cabe mencionar que estos rasgos no funcionan de manera independiente, sino de manera conjunta. Aunque por el momento, no existe perfil concreto que pueda corroborar las sospechas sobre algún posible feminicida. Uno de los estudios más recientes que han intentado recabar información sobre los agresores es el realizado por el Observatorio de Violencia Social y de Género en Puebla de la Universidad Iberoamericana, mismo que ha evidenciado que, en la mayoría de los casos, los datos son insuficientes para generar acciones preventivas para esclarecer los delitos. De 2015 a marzo de 2018, se ha contabilizado que el 85 por ciento de los casos se desconoce la edad del agresor. Del resto, el 22 por ciento de los delitos son cometidos por hombres de entre 15 a 20 años; el 34 por ciento tiene entre 21 a 30 años y el 29 por ciento está entre los 31 a 44 años.
Crear perfil psicológico atenta contra los derechos del agresor
A pesar de que dependencias estatales, como la Fiscalía General del Estado, han establecido que es necesario establecer un perfil psicológico para procesar a un presunto feminicida, la ley parece amparar esta decisión, bajo el derecho de la no autoincriminación. Un claro ejemplo es el caso de Mara Castilla, quien fue asesinada, presuntamente, por Ricardo Alexis, ex chofer de Cabify. Durante su audiencia de control, el juez del caso negó la práctica de cinco actos de investigación para establecer el perfil del agresor, bajo los mecanismos antes mencionados.
Personas violentas y celosas: Aquellos que responden con excesiva violencia ante cualquier situación que ponga en riesgo su instinto de “superioridad”. –
Complacencia social con la violencia: Quienes crecieron en un contexto social en donde la violencia contra las mujeres se celebra y se incentiva, derivan en feminicidas.
– Impunidad: Quienes han tocado a una mujer indebidamente, sin consecuencias jurídicas por su actuar, van incrementando su nivel de agresión.
– Misoginia: Aquellos que muestran un odio irracional hacia las mujeres son propensos a ejercer violencia extrema.
– Machismo exacerbado: Las personas que consideran a la mujer como un ser inferior, podrían ser potenciales feminicidas.
– Cultura patriarcal: Quienes viven en un entorno en el que constantemente se minimizan los derechos de las mujeres, sólo por cuestiones de género, constituyen un foco.














