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Huffignton Post
Mucho se habla, se escribe y se ensaya sobre la vida de Jorge Cuesta, uno de los encargados de cimentar la crítica literaria contemporánea. Y no es para menos cuando se sabe que cometió suicidio y que, resultado de sus padecimientos mentales, llegó a mutilarse los genitales en un ataque de desesperación. Además, se le ha mitificado como un practicante de la alquimia, pero su formación fue como químico de la Facultad de Ciencias Químicas en 1925. Sin embargo, se entregó al ritmo de vida de los Contemporáneos y partió hacia Europa con la intención de experimentar la vida bohemia de los escritores europeos con mayor prestigio como André Bretón y André Gide, mientras que en México mantuvo una relación cercana con Salvador Díaz Mirón, Agustín Lazo y Carlos Pellicer. Además, no reparó en juntar la literatura con el periodismo mientras trabajaba en la Sociedad Nacional de Azúcar y Alcoholes. Fue entonces que empezó a tocar temas poco usuales dentro de sus sonetos como la vida, la muerte, la locura, la ansiedad y la vejez. Entre los experimentos que se le conocen, está la creación de un polvo que pretendía convertir el agua en vino y un complejo vitamínico de marihuana.
Su gran obra fue el poema “Canto a un dios mineral”, pero nunca lo publicó en vida; de hecho, sobre este trabajo dejó una nota escrita que reza: “Porque me pareció poco suicidarme una sola vez. Una sola vez no era, no ha sido suficiente”. Escritores como Rafael Lemus califican su crítica como combatiente del irracionalismo y “desrromantizante”, y que siempre rehuyó de todo lo que pudiera sacralizarse para así escribir una prosa impersonal. También cataloga a Cuesta como alguien con una inteligencia insólita, demente pero sensata. Siempre se mostró en contra del romanticismo, pero nunca presentó una vía alterna y se limitó a la crítica. El próximo martes 19 de junio, el también crítico literario y miembro de El Colegio Nacional, Christopher Domínguez Michael va a impartir la conferencia “Introducción al método Jorge Cuesta”. En el cual va a desmenuzar la pericia con la que Cuesta ejercía la crítica. Domínguez Michael dedicó su primer libro a Cuesta en 1986 y, desde entonces, se ha dedicado a replicar sus palabras y difundirlas de tal manera que ambos críticos comparten la idea de que hay más lectores que libros y que estos no siempre tienen un nivel propicio para la lectura crítica. No siempre ha encontrado un público ávido de entender al crítico que cedió ante sus problemas mentales.













