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AFP GINEBRA —
Klaus Schwab, fundador en 1971 del Foro Económico Mundial (WEF), asegura que fue su infancia durante la Segunda Guerra Mundial la que le inspiró para crear una organización para hacer un mundo mejor, aunque no está claro si ha conseguido sus objetivos. Schwab nació en Ravensburg, cerca del lago Constanza, en el sur de Alemania. Estudió en Suiza antes de crear a los 33 años el WEF, conocido como el Foro de Davos, nombre de la estación alpina que reúne cada año durante unos días a empresarios y dirigentes políticos de todo el mundo para debatir sobre los problemas del planeta. Ingeniero y economista, Schwab sigue dirigiendo a los 80 años su fundación, cuya sede está en Ginebra. Klaus Schwab habla durante una rueda de prensa antes de la edición 2019 del Foro Económico Mundial, el pasado 15 de enero en la ciudad suiza de Ginebra ¿Pero la organización logra realmente cumplir con sus objetivos, “mejorar al mundo” o “construir un mundo mejor”? Para algunos, los encuentros del WEF permiten sobre todo al mundo de los negocios presionar a los gobiernos, sin que nadie los vea. El director general del WEF, Adrian Monck, asegura que la organización “suscribe a los mayores estándares en materia de gobernanza”.
Autoridad frágil Líderes mundiales y altos directivos se reúnen en Davos, Suiza esta semana para discutir cómo dirigir la política en medio de las preocupaciones de la desaceleración del crecimiento económico, las perjudiciales guerras comerciales y el ‘brexit’. Cuando lanzó el Foro Europeo de Management, Schwab era solo un profesor de administración de empresas de la universidad de Ginebra, donde dio clases hasta 2003. Amplió luego las reuniones invitando a empresarios estadounidenses, y logró constituirse una formidable agenda de contactos. El encuentro se transformó en una gran reunión internacional dedicada a las relaciones de negocios y al intercambio de ideas. En un libro publicado en 2018 dos profesores universitarios de Estocolmo retrataron la evolución del WEF. “En el contexto de lo que se percibe como un disfuncionamiento de las instituciones a cargo de la gobernanza mundial y un bloqueo de la acción política internacional, el WEF se presenta como una alternativa”, escriben Christina Garsten y Adrienne Sörbom en su libro Un poder discreto: cómo el Foro Económico Mundial moldea la agenda de los mercados. Con los años, el Foro de Davos pasó de éxito a éxito, atrayendo a la élite económica y política mundial a los seminarios de los Alpes suizos. Se crearon luego encuentros regionales. Según Sörbom, el WEF se basa sobre una “autoridad frágil”. “Si se quiere ser parte de la nobleza mundial, entonces hay que estar allí”.








