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El líder de Nirvana desde su infancia sus dibujos revelaban un artista complejo, que luego se desarrollaría en cuadros, collages y hasta cómics
Infobae
18 de noviembre de 1993. Sonaban los últimos acordes de About A Girl en los estudios donde Nirvana estaba grabando su unplugged para MTV. Kurt Cobain miró a la cámara y sonrió amargamente, tratando de esconder su infelicidad. En retrospectiva, en ese concierto hubo ciertas señales que anticipaban su final, como la decoración fúnebre y el hecho de que cinco de las catorce canciones que tocaron hablaban de la muerte. Sin embargo, en ese momento nadie imaginó que tan sólo unos meses después, el 5 de abril de 1994, se quitaría la vida con un disparo en la cabeza.
Toda una generación perdió a su máximo referente, pero dejó como legado no sólo su música, sino otras piezas de arte que permiten entender a uno de los íconos más atormentados del rock. En tan sólo siete años y con tres álbumes de estudio, Nirvana puso en el mapa al grunge, un nuevo género musical que se había desarrollado en Seattle, una mezcla de punk rock, hardcore, heavy metal, noise y pop. Gracias a ellos, el rock volvió a estar en lo más alto de los rankings y desplazó al pop que reinaba en ese momento. Nevermind, la obra maestra que editaron en 1991, le quitó el primer puesto a Dangerous de Michael Jackson.
Mientras Kurt forjaba el sonido de Nirvana, dedicaba su tiempo a las artes plásticas. Algunas de sus creaciones formaron parte de los discos del grupo, como las contraportadas de los álbumes Nevermind e In Utero y la portada de Incesticide, un compilado de lados B, rarezas y canciones inéditas que editaron en 1992.












