Infobae/ Nicolás Mavrakis

Aunque Lisa Halliday (Massachusetts, 1976) no deja de repetir en sus entrevistas a ambos lados del Atlántico que “no quería hablar de Philip Roth, solo quería escribir una gran novela”, lo cierto es que Asimetría, su debut literario publicado con gran éxito en los Estados Unidos el año pasado y traducido hace pocos meses al español, sí habla acerca de Philip Roth (1933-2018) y es, también, una gran novela. Y por eso las precauciones que Halliday insiste en tomar ante lo que este libro es (o podría llegar a ser) tienen menos que ver con el pudor o la modestia, que con lo que muchos de sus mejores críticos, en cambio, identifican como “el brillo máximo” de una “proeza técnica”. Pero para entender esa “proeza”, lo importante es saber de qué se trata Asimetría.

Elegido como uno de los “diez mejores libros del año” por The New York Times y “envidiada” por la autora británica Zadie Smith, la novela relata la historia acerca de cómo Alice, una veinteañera que trabaja para una importante agencia editorial en Manhattan y sueña con convertirse en escritora –tal como pasó hace veinte años con la verdadera Lisa Halliday, quien trabajaba en la agencia Wylie-, mantiene un romance con Ezra Blazer, un célebre, inteligente e inmensamente prolífico escritor judío que, además de ser un “múltiple ganador del Premio Pulitzer”, tiene, por lo menos, más del triple de su edad, igual que Philip Roth cuando, hace veinte años, se relacionó con la autora en la vida real. Es con esta historia acerca de cómo un “robacunas” (como Alice llama en chiste a Ezra) se enamora de una “robatumbas” (como Ezra llama en chiste a Alice) que la novela avanza con un relato sobre las asimetrías del sexo, la belleza y el poder. Sin embargo, Halliday hace un cambio drástico de escenario y cuenta también la vida de Amar Jaafari, un joven economista de origen iraquí pero criado en Brooklyn que, demorado en el aeropuerto Heathrow de Londres durante su camino en avión hacia Oriente Medio, recuerda los dramas con los que la guerra, la política y las costumbres islámicas envuelven a su familia. Es después de esta segunda historia sobre las asimetrías de la burocracia, la identidad y (otra vez) el poder, que Halliday hace reaparecer como acto final de la novela al escritor Ezra Blazer. De nuevo en su mundo literario, Blazer contesta las preguntas de una periodista escocesa en un programa de radio de la BBC. Y tal como habría contestado el auténtico Philip Roth, Blazer les recuerda a sus oyentes imaginarios (y a los lectores reales) que para los escritores separar la “verdad” de la “ficción” es un “ejercicio insano”, igual que llamar “autobiográficas” a las novelas inspiradas en la vida real. Es en este punto que la maquinaria creativa de Lisa Halliday alcanza su mayor “proeza técnica”, al convertir su vida real, primero, en una historia de ficción, para luego convertir esa ficción en un mecanismo de interpretación retrospectiva de la realidad. De esta manera, lo que Asimetría ofrece es nada menos que el trabajo completo de la elaboración de una experiencia, y lo hace sin perder la sensibilidad creativa ni la verosimilitud de sus personajes.

Pero para quienes conozcan la obra de Philip Roth, quien además de muchas grandes novelas sobre los vaivenes de la historia contemporánea de los Estados Unidos escribió libros como Mi vida como hombre y Patrimonio, donde la “verdad” y la “ficción” se fusionan sin ceder ni la fuerza de la imaginación ni el peso de la realidad, que un novelista no pueda separar “las cajas de la verdad y de la ficción”, como dice Ezra Blazer en Asimetría, no es una idea nueva. De hecho, es el mismo principio creativo al que también se refiere el director de cine Werner Herzog al ironizar que si alguien solo persigue los “hechos verificados”, entonces los cuatro millones de nombres, direcciones y números en la guía telefónica de Manhattan deberían bastar para conocer las vidas de todas esas personas. En ese mismo sentido, lo que Halliday logra es una novela ejecutada a la altura de los mejores, incluido el propio Roth, quien luego de leerla le escribió para decirle que su libro era “un logro considerable”.

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