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Nueva York se transformó este lunes 4 de mayo de 2026 en el epicentro de la vanguardia creativa con la celebración de la Met Gala, el evento benéfico que año tras año dicta el pulso de la cultura pop. Bajo la ambiciosa temática “Arte de vestuario”, las escalinatas del Museo Metropolitano de Arte recibieron a más de 300 invitados que desafiaron los límites de la vestimenta convencional. El protagonismo absoluto de la velada se lo llevó Beyoncé, quien tras diez años de ausencia regresó como copresidenta, compartiendo honores con la legendaria Anna Wintour, Nicole Kidman y Venus Williams.
Aunque la ausencia de Meryl Streep —quien se encuentra promocionando la secuela de El diablo se viste a la moda— dejó un vacío notable, su coprotagonista Anne Hathaway compensó la falta con un impecable diseño en blanco y negro de inspiración clásica que incluía una paloma entre sus detalles.
La alfombra roja fue un despliegue de excentricidad y narrativas personales. Kim Kardashian volvió a romper el internet con una armadura de bronce esculpido que parecía fundirse con su propia piel, mientras que la “Reina del Pop”, Madonna, desafió la gravedad luciendo un barco a escala como tocado principal. Por su parte, Bad Bunny optó por una propuesta conceptual sobre el tiempo: envejecido con una peluca blanca, maquillaje hiperrealista y un bastón, el artista puertorriqueño bromeó con Vogue asegurando que su atuendo había tardado “53 años” en prepararse.
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Entre las estrellas del momento, Sabrina Carpenter cautivó con un diseño de Jonathan Anderson para Dior inspirado en el clásico cinematográfico que le dio su nombre, y las integrantes de Blackpink, Jennie y Lisa, reafirmaron el dominio global del K-pop con propuestas que fusionaron el arte textil oriental con la alta costura neoyorquina.
El “drama” visual de la noche alcanzó su punto máximo con las interpretaciones más literales de la temática artística. Janelle Monáe desfiló cubierta de fragmentos de tecnología, con cables y placas de circuito integrados en su blusa como una oda a la era digital, mientras que Heidi Klum se mimetizó con el entorno al presentarse caracterizada como una estatua viviente. El productor teatral Jordan Roth también capturó la atención de colegas como Hugh Jackman al lucir un vestido-maniquí diseñado por Robert Wun, inspirado en la obra “Pigmalión y Galatea”.
En el terreno de la controversia, Kylie Jenner utilizó un Schiaparelli que hacía referencia directa a su propia anatomía y a las cirugías que han sido tema de conversación en sus redes sociales, convirtiendo su cuerpo en el lienzo principal de la obra.
A pesar del brillo de los asistentes, las ausencias de “pesos pesados” como Rihanna, Zendaya y Katy Perry se sintieron en la atmósfera de la Gran Manzana. Law Roach, el estilista de confianza de Zendaya, asistió en solitario, confirmando que la actriz y su prometido Tom Holland decidieron saltarse la cita este año. Del mismo modo, Timothée Chalamet no figuró en la lista oficial, desatando rumores de que prefirió el partido de los New York Knicks sobre el glamour de las escalinatas del MET.




















