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BBC
Se acerca el Black Friday, la jornada de descuentos y compras en las que millones de personas desbordan las tiendas en Estados Unidos y otros países, y sobre la fecha se cierne la sombra de la escasez. Lo mismo ocurre con las Navidades.
Las estanterías, físicas o virtuales, podrían no estar tan abastecidas como otros años o los tiempos de espera podrían ser más largos de lo habitual, advierten los expertos.
Para Alicia Valero, profesora titular en el Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Zaragoza y jefa del grupo de ecología industrial del Instituto CIRCE, la voracidad humana por las materias primas es en parte culpable de todo esto.
La crisis energética, los atascos en las cadenas de suministro y el cierre de fábricas durante la pandemia tienen para ella un denominador común: no hay recursos suficientes y esto va a crear serios problemas de abastecimiento en un futuro no muy lejano.
“Desde los años 70 hemos entrado en un gasto de déficit ecológico. En una generación consumiremos el doble que hoy y en 25 años habremos consumido tanto como en toda la historia del ser humano”, dice esta experta en eficiencia energética y ecología industrial.
Y como ejemplo pone que la falta de un solo componente está parando la producción de fábricas enteras de autos o de electrodomésticos.
En esta entrevista nos explica qué está pasando.
El problema está en que no podemos seguir basando la economía en el concepto del usar y tirar. Si seguimos por este ritmo de consumo exponencial, sí que estamos abocados a una escasez continua.
Si la población aumenta más o menos el 1% anual, pero las aspiraciones de cada individuo son la de consumir el triple, más o menos, estamos agotando los recursos a una tasa muy alta.
La forma en que extraemos los recursos desde principios del siglo XX nos lleva a pensar que hay bastantes materias primas que dentro de no muchos años tendrán un gran problema de suministro.
Hasta que no frenemos drásticamente esa curva de crecimiento continuo, vamos a seguir teniendo problemas de desabastecimiento de absolutamente todo.
Para revertir esta situación, hay que repensar el modelo. Para empezar, los productos tienen que utilizarse durante mucho más tiempo y tienen que estar pensados para ser recuperados al final de su vida útil.
El coronavirus ha acentuado los problemas. Mientras estábamos confinados, nos dio por comprar muchos aparatos electrónicos para estar entretenidos y conectados. Pero muchas fábricas tuvieron que cerrar debido a problemas de contagios, lo que redujo la oferta.
A esto se ha sumado los cuellos de botella en la cadena de suministro. Estamos viendo cómo los barcos han sufrido colapsos y quizás también un poco de desorganización. Por lo tanto también hay problemas con las mercancías.
Todo esto unido al alto precio de la de los combustibles fósiles y de la electricidad ha provocado que hoy por hoy tengamos probablemente que renunciar a determinados electrodomésticos, consolas, muebles o textiles.
Pero esto es solo la punta del iceberg.
¿Por qué?
Porque si sigues investigando esos problemas puntuales, te das cuenta que realmente el problema de raíz es el desabastecimiento de las materias primas y así llevamos meses viéndolo por ejemplo, con los microchips de los vehículos.
Pero no solo de los vehículos eléctricos, sino de todos. Muy pocas fábricas son capaces de suministrar esos microchips, pero empezamos a oír que ni ellas pueden producirlos porque les falta suministros. Hay un desabastecimiento de materias primas.
La transición energética mundial en la que sustituimos los combustibles fósiles por energías renovables ha llevado a una menor inversión en el descubrimiento y explotación de nuevos yacimientos y esto se ha traducido en un aumento de los precios del gas y del diésel.
Y eso influye también, por ejemplo, en la producción de materias primas para la construcción.
Entonces está todo absolutamente relacionado con todo.
Hay que entender que a medida que agotamos los yacimientos, lo que ocurre es que se va encareciendo el proceso de producción: cuesta mucha más energía, mucha más agua, las empresas causan mucho más daño ambiental para extraer la siguiente unidad de producto.
Los recursos naturales tienen que ser muchísimo más caros.
Ahora mismo vemos cómo los precios han subido. Están por las nubes, pero es que deberían estarlo incluso mucho más porque son recursos escasos.
¿Crees que la sociedad está concienciada de que la Tierra tiene límites, de que los materiales pueden agotarse?
Está claro que hasta ahora no había conciencia. Parecía que todo era abundante y que comprábamos un artículo por internet y al día siguiente lo teníamos en casa.
De momento parece que todo que sigue así, aunque empezamos ya a detectar que las cosas no son infinitas.
Como dice mi padre, vivimos en un planeta finito, con deseos infinitos y esto no es sostenible. No ha habido conciencia en el pasado, pero poco a poco estamos viendo las orejas al lobo.
Los yacimientos son los que son y si seguimos extrayendo minerales a este ritmo, pues habrá problemas de desabastecimiento más pronto que tarde.
¿Cuáles son las predicciones?
Hemos detectado que para las estimaciones más optimistas de recursos minerales, los picos de gran parte de los elementos de la tabla periódica se alcanzarán antes de que acabe este siglo. Eso parece que son muchos años, pero qué son 60-70 años en la historia de la humanidad.
El problema es que si consideramos las reservas, es decir los yacimientos que existen y que podemos extraer de forma económicamente viable, los picos máximos se alcanzarán unos lustros antes.










