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Florentino Sarmiento Tepoxtecatl
Mucho se ha hablado y escrito sobre los “Tiemperos” que viven en las faldas del Popocatépetl. Medios de comunicación e investigadores sociales acuden año con año para presenciar los rituales dedicados a Don Goyo; y al parecer se han olvidado que en las poblaciones de origen campesino de ascendencia indígena, que hoy día forman parte de la metrópolis poblana, existieron “Tiemperos”.
Estos especialistas meteorológicos se reunían para ir a la Malinche a dejarle ofrendas, por cierto, muy similares a las que se le hacen al “Popo”. Acudían de Hueyotlipan, Almecatla, Momoxpan, Cuautlancingo, Chautenco, Santa Barba Almoloya, Sanctorum, Ocotlán y Mihuacán. Llevaban comida para el viaje de ida y vuelta; se sabe que era una misión exclusiva para varones.
Con el paso de los años, la relación sagrada con la montaña se rompió. Ya nadie soñó con la señora blanca, con la víbora que habla, con las voces que salen de los manantiales o nacimientos de agua. Ya no hubo elegidos para aprender el arte de controlar el clima. Entonces, las prácticas sociales para mitigar las tempestades se reforzaron.
A los niños se les asignó la tarea de observar las nubes para identificar “víboras de agua”, hoy día mejor conocidas como tornados; si una, o varias aparecían en el entorno inmediato era una señal de alarma. Los animales de corral y el ganado debían llevarse en un lugar seguro. Otros miembros de la familia debían encender un cirio (bendecido en domingo de ramos), además se debía colocar carbón ardiendo en un sahumerio, un bracero o encender el tlecui (también conocido como fogón) para quemar romero, preferentemente bendecido el 2 de febrero.
Los encargados de las iglesias debían repicar las campanas para anunciar del peligro, pero también para que las nubes se alejaran de la población. Otros más “tronaban cuetes” para disipar el cuerpo de nubes, o clavaban una varilla en el piso.
Actualmente, estas prácticas sociales, y otras tantas no abordadas en este breve escrito, han caído en el desuso. El pensamiento moderno y la tecnología han desplazado el arte de observar e interpretar el clima. El cambio climático y crisis ambiental juegan papeles no contemplados en la cultura y prácticas sociales que vincularon a la humanidad con la naturaleza. Hoy día, es más cómodo y práctico revisar el pronóstico meteorológico desde cualquier teléfono inteligente. Pero siempre estará el deseo de controlar a la naturaleza.








