Con una novela contestataria y revolucionaria, el autor revalora a los integrantes de las minorías invisibles

Excélsior

La novela Semillas (Letra Blanca, 2018), ópera prima del narrador, dramaturgo y activista Mario Golden, cuenta la historia de Gabriel, alter ego del autor, quien emprende una lucha en el complicado mundo del activismo social. Defensor de los derechos de los homosexuales, los migrantes y sectores minoritarios, el protagonista se enfrenta a los prejuicios, en una primera instancia, y posteriormente a la tortura por parte de las autoridades. Para Gabriel el activismo es algo natural, algo que no entiende ideológicamente a nivel de conceptos, sino que comprende a un nivel mucho más personal, no lo puede evitar porque él es pobre, fue rechazado en muchos espacios y a diferentes esferas, él es un indocumentado, es homosexual y está tratando de sobrevivir y de ganar dinero, de moverse, se relaciona y simpatizar con luchas de los sectores de los que él viene.

Gabriel entiende que hay una gran compasión entre estos sectores, y sabe que no nada más es una lucha desde una perspectiva limitada, ni es un enfoque limitado. Él tiene que compatibilizar con esas luchas porque ha vivido las desigualdades de estos sectores, entonces entiende estas luchas, porque la violencia que él experimenta es machista y homofóbica a todos los niveles”, reconoce. Novela contestataria, revolucionaria, anclada sólo por la palabra, que es capaz de nombrar sin miedo, Semillas fisura el entramado político, revaloriza a aquellas comunidades invisibles como negros, LGBT, migrantes, entre tantas otras. Ambientada en los 90, Golden deja ver en su faceta como narrador un aspecto preocupante: el de la tortura.

Yo pienso que era importante retomar el aspecto de la tortura en mi novela porque en la historia de luchas en diversos países hay gente que es castigada por decir la verdad y por intentar denunciar injusticias. Ese sufrimiento que a veces se vive es un gran silencio que es muy importante sacarlo a la luz. Además, es simbólico este asunto del sufrimiento porque muchos seres humanos lo experimentamos por diversas razones, entonces menciono que la metáfora de las semillas es que están enterradas y nadie se fija que están ahí, en una oscuridad, bajo tierra, sinembargo, algo está sucediendo, y de ese silencio van a surgir esencialmente cosas positivas”, afirma el también dramaturgo.