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* La violencia política de género, ha sido para ella un artilugio cómodo para su actual campaña
Jesús Arroyo
La violencia política de género se ha convertido, en Puebla, en un artilugio cómodo para la candidata al Senado y tres veces fallida candidata del PRI, hoy redimida por el morenismo, Nancy De la Sierra Arámburo.
El video que subió a sus redes sociales evidencia claramente el oportunismo de la teziuteca, subirse al tren para llamar la atención de un tema que nunca ha sido suyo: La mujer y sus derechos.

Corría el año 2006 y el Lidia Gate estaba en su apogeo. La Jornada Nacional, a ocho columnas, exhibía una llamada de Mario Marín con el empresario Kamel Nacif. Acto seguido, en el programa mañanero de Carlos Loret de Mola, el impresentable gober precioso era exhibido en cadena nacional con una de sus máximas: “es mi voz, pero no es mi voz”, Marín dixit.
El uso faccioso de las instituciones para favorecer a empresarios poco honorables en sus peticiones personalísimas con el respectivo toque gansteril. Ante tal cinismo de Marín, la sociedad civil se organizó para exigir la renuncia de Mario Marín con una manifestación de más de 10 mil personas, la cual, iniciaba en el Gallito y terminaba en el Zócalo. Desde la caída del gobernador Gonzalo Bautista O’Farril no se veía una movilización de tal magnitud exigiendo la renuncia de un mandatario. La exigencia era una: juicio político a Mario Marín.
El Congreso del Estado, sobra decir, era de mayoría priista. Y sí, adivinó, estimado lector, Nancy De la Sierra era diputada local. Sobra decir el sentido del voto de la hoy defensora de las mujeres. Pero, para no dejar nada a la ambigüedad, vale la pena recordarlo. Votó a favor de la impunidad de Marín. Hoy que sale a defender a las mujeres, vemos como esto no tiene cabida. La incongruencia como sello de la casa.
El tema de la violencia política de género no debe ser utilizado como ariete para subsanar las deficiencias de sus alicaídas campañas. Ni el hacerse víctima o la mártir es el camino para generar credibilidad.
Seriedad y altura, por el amor de Dios, al de por sí paupérrimo nivel de la elección de 2018.













