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Ríos-Farjat fue señalada por el presidente López Obrador como una de las personas con las que el funcionario tuvo discrepancias
Infobae
Tres personas han atraído las miradas de las agencias calificadoras y los participantes en los mercados esta semana: Arturo Herrera, nuevo responsable de la política económica del país; Raquel Buenrostro, encargada de hacer cumplir la política de austeridad del presidente Andrés Manuel López Obrador; y Margarita Ríos-Farjat a cargo de recaudar el dinero necesario para financiar los principales proyectos del sexenio. El Sistema de Administración Tributaria (SAT) es un órgano desconcentrado de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) responsable de recaudar los impuestos que suman al erario, por lo que es un pieza en clave para el gobierno. Los principales proyectos de López Obrador son irrealizables sin esta institución. El propio AMLO reconoce su importancia.
Durante un discurso pronunciado los primeros días de su sexenio dijo que no se podría financiar el desarrollo del país sin contar con la recaudación de impuestos de los contribuyentes. El cerebro de ese importante órgano es Margarita Río-Farjat, señalada por el presidente como una de las colaboradoras con las que Carlos Urzúa, quien renunció al cargo de secretario de Hacienda el martes pasado, tuvo discrepancias al interior de la dependencia. La estabilidad de las finanzas públicas del país depende, en este momento, de la relación entre el nuevo secretario y la directora del SAT, de acuerdo con analistas entrevistados por el diario El Economista. Una mancuerna formada entre ambos personajes servirá como engrasante para hacer funcionar correctamente las máquinas de recaudación de ingresos tributarios y la Unidad de Inteligencia Financiera, que persigue el lavado de dinero. Antes de que Herrera saliera a dar su primera conferencia de prensa como secretario de Hacienda, circuló el rumor de que ambos funcionarios estuvieron reunidos.










