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En el mundo de hoy, la vida de Wu Zetian podría haber inspirado una telenovela, de esas en que una joven termina logrando algo que estaba completamente fuera de su alcance.
BBC
Pero en ella habría encarnado no sólo a la heroína que labra su camino al éxito con su belleza y talento, sino a la villana que es autora de todas las infamias.
¡Y qué infamias!
“Mató a su hermana, masacró a sus hermanos, asesinó a su emperador y envenenó a su madre“, denunció Luo Binwang, una de las eminencias de la poesía Tang, en un manifiesto político.
Para él, Wu tenía “un corazón como el de una serpiente y una naturaleza como la de un lobo“, y por eso y más “tanto los dioses como los hombres la odian, y el cielo y la tierra no pueden permitirle existir”.
La fulminante descripción es apenas una muestra de lo que se escribió sobre ella durante su vida y después.
Pero es difícil saber con certeza qué es real y qué es ficción.
“Todo lo concerniente a esta notable mujer está rodeado de dudas, porque defendió todo aquello a lo que se oponían los ideales de la clase académica-oficial confuciana (…) Y desde el principio, el registro histórico de su reinado ha sido hostil, sesgado y curiosamente fragmentario e incompleto“, advierte, por ejemplo, “The Cambridge History of China”.
No obstante, hay datos incontestables: en los miles de años de historia china registrada, desde la lejana dinastía Shang (c. 1600-1046 a.C.) hasta la actual República Popular, Wu Zetian ha sido la mujer más poderosa, la única gobernante.
Además, durante más de medio siglo, primero como la consorte de un emperador, luego como la madre de otro y finalmente como emperatriz, dirigió los destinos de al menos 50 millones de personas, llevando las riendas de la populosa nación durante uno de sus períodos más gloriosos.
Su vida y sus mitos han sido inmortalizados en numerosas obras de teatro, libros, series de TV y películas… Y hasta aparece hasta en videojuegos.
Y es que, real o tergiversada, su historia es apasionante.
Sirvienta en la corte
Wu Zhao, más conocida como Wu Zetian -su nombre póstumo- o sencillamente Wu, como ella prefería, nació en el seno de una familia acomodada en 624.
A pesar de que no contamos con ningún retrato contemporáneo, sabemos que era bella por el hecho de que a los 14 años fue reclutada como concubina en la corte imperial, y la admisión al harem “era equivalente a ganarse un torneo de belleza en el que las candidatas eran la mujeres más hermosas del mundo medieval”, como indica Jonathan Clemens en la biografía “Wu” .
Aunque suena seductor, su rango era apenas quinto, lo que quiere decir que su rol inicialmente no era ni muy distinto ni mucho más importante que el de una sirvienta doméstica.
Sin embargo, además de hermosa, era inteligente y educada, y supo aprovechar la oportunidad para acercarse al emperador Taizong, el segundo de la dinastía Tang.
Algunos cuentan que lo hizo mientras cambiaba las sábanas de su cama… Otros que fue en un potrero; que lo encantó por su intelecto… o lo sedujo complaciendo sus más inusuales apetitos sexuales.
El caso es que Taizong la ascendió a secretaria, y la cercanía a un gobernante tan concienzudo, que tenía documentos oficiales pegados en las paredes de su dormitorio para poder trabajar si se despertaba por la noche, le permitió acceder a asuntos estatales al más alto nivel.
Pero cuando Taizong murió en 649, fue enviada como todas las demás concubinas a un convento budista: la tradición dictaba a que todas las mujeres del difunto emperador les rasuraran el cabello y las confinaran pues nunca más serían de otro hombre.
A los 25 años de edad, la vida de Wu había llegado al fin… del primer capítulo.
Amor de adolescente
Li Zhi tenía 21 años cuando ascendió al trono que había dejado vacío Taizong.
No había sido la opción preferida de su padre para sucederlo, pero la conducta inaceptable de sus hermanos llevó a que él se convirtiera en el emperador Gaozong, lo que elevó el estatus de su esposa Wang y sus consortes, particularmente su favorita, Xiao, conocida como la Concubina Pura.
Pero había otra mujer en la vida de Gaozong, que le fascinaba desde que era adolescente: Wu.
Se llegó a decir que, poniendo en riesgo sus vidas, ya había tenido relaciones con ella.
Nadie sabe cómo se volvieron a ver, pero una de las versiones más difundidas afirma que Goazong, prendado de la belleza de Wu, visitaba regularmente el templo con la esperanza de encontrarse con ella y que, en el primer aniversario de la muerte de Taizong, por fin la vio.
Lloraron juntos y Wu, quien conocía bien el carácter y las debilidades del joven emperador, lo retó dudando de su poder para llevarla de regreso a la corte imperial: “Aunque eres el Hijo del Cielo, no puedes hacer nada al respecto”, refiriéndose al hecho de que estaba encerrada para siempre en el convento.
“¡Puedo hacer lo que yo quiera!”, habría respondido Gaozong.









