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Lizzet Pérez
¿Qué sufrimiento es más grande: el que experimenta una víctima de violación, ¿o el que podría sentir un agresor al ser sometido a una inyección de castración química?, ¿Y cómo se compara el daño de una víctima con la disminución temporal de la libido de un violador? Esas fueron algunas de las preguntas que realizó el gobernador electo, Alejandro Armenta Mier, luego de su reciente propuesta sobre la implementación de la castración química para los violadores.
Aclaró que esta propuesta no consiste en una mutilación corporal, sino en un tratamiento médico que, será un proceso que consiste en frenar la producción de la hormona sexual masculina, que está distribuida en un 90% en los testículos y el 10% restante en las glándulas suprarrenales.
Detalló que la castración química funciona mediante una inyección que se asemeja a una vacuna y que, al disminuir los niveles de testosterona, reduce significativamente el impulso sexual.
A pesar de las críticas que esta medida podría generar, el gobernador electo subrayó que su propuesta surge del sufrimiento de miles de familias que han sido víctimas de la violencia sexual.
“Cuando eres representante del pueblo, tu obligación es dar voz a quienes no la tienen. Y hoy, esa voz es para las madres que sufren, para las mujeres que fueron violadas de niñas y que hoy siguen cargando con ese dolor”, afirmó Armenta.








