Septiembre, un mes histórico en los procesos independentistas de muchos países latinoamericanos

Segunda parte

BBC

Hay quien se pregunta si sus contribuciones a la causa patriota fueron realmente voluntarias y no la consecuencia de la coacción para salvaguardar su patrimonio, incluso quien apunta a sus posibles vínculos con los adversarios de la independencia. “Entre la leyenda y la realidad, se le ha atribuido un papel de espía”, señala la investigadora, por el acceso a la información política que le habría permitido tener el hecho de que su padre fuera regidor perpetuo de Ciudad de México, así como también su relación con ciertos personajes. Pero de lo que sí hay información es que “en una de sus haciendas hubo una importante reunión en la que se cree que se dirimieron algunos asuntos decisivos para la culminación de la independencia de México”.
Afirmar que participó en la redacción del Plan de Iguala, es entrar en un terreno “un poco más oscuro”. “Quizás es decepcionante (…) pero es que todos caemos en contradicciones y no por eso, nuestros actos o los de la Güera Rodríguez son menos valiosos”, reflexiona la doctora. Y lo interesante es que su “reivindicación contemporánea y muy reciente” la ha convertido en una especie de “ícono protofemenista” en pleno siglo XXI. Javiera Carrera, la “Madre de la patria” de Chile Francisca Javiera Carrera Verdugo formó parte de la aristocracia de la Chile colonial. Perteneció a una familia de destacados militares patriotas, pero fue mucho más que la hermana mayor de José Miguel, Juan José y Luis Carrera. De hecho, se la considera una decisiva influencia en ellos. Se sabe que asistía a reuniones de los patriotas y que fue de las que escondió soldados y armas. En un terreno dominado por hombres, se convirtió en una de las figuras más emblemáticas del proceso independentista chileno. Fue ella quien diseñó una de las primeras banderas de Chile, dejando claro «la inminente desvinculación» con los españoles. Carrera rompió con los estereotipos de la mujer de su época.

En el relato histórico, trasciende como una mujer ambiciosa y muy astuta. “Era como una ave rara”, señala la historiadora chilena Alejandra Araya. “Fue una mujer que se involucró quizás de una manera poco frecuente en la vida política del esposo”, a la que se le atribuye una gran inquietud intelectual y un interés por la implementación de las llamadas «escuelas de amigas», espacios en los que las mujeres aprendían a leer y a escribir. Se hizo parte de la causa, cruzó la cordillera, tiene una historia que la pone a la par de lo que los hombres hacen y que se supone las mujeres no hacen”, indica la historiadora de la Universidad de Chile. Su actuar, reflexiona, se pudiese comparar con el de las guerrilleras durante los gobiernos de facto latinoamericanos. Fuera de su país, enfrentó penurias económicas, además del dolor de las muertes de sus hermanos que habían vuelto al campo de batalla. Micaela Bastidas Puyucahua, la estratega al lado de Túpac Amaru II “Por la libertad de mi pueblo he renunciado a todo.

No veré florecer a mis hijos”. Eso fue lo último que habría dicho antes de morir estrangulada Micaela Bastidas Puyucahua, precursora, prócer y mártir de la emancipación peruana y una inspiración en las luchas independentistas hispanoamericanas. Junto a su esposo, José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, lideró en 1780 una rebelión que buscaba terminar no sólo con el dominio colonial, sino con los abusos de los que eran víctimas las poblaciones nativas.

Esa insurrección es considerada la base fundamental de la emancipación peruana, que culminó con la proclamación de la Independencia el 28 de julio de 1821 y la batalla de Ayacucho el 9 de diciembre de 1824. Mientras Túpac Amaru II realizaba su marcha triunfal en Puno, y manteniéndose en constante comunicación con él, Bastidas se encargó de las operaciones militares en el Cusco, evocaría el diputado Demetrio Carranza en un acto en su honor celebrado en 1980. Bastidas era zamba: de raíces africanas e indígenas. Se casó siendo una adolescente con quien había sido su amigo de la infancia y tuvieron tres hijos. Cuando Túpac Amaru II se ausentaba, dado su rol de líder, ella era quien asumía las riendas del hogar así como también de los negocios, pues era una gran administradora. Ya antes de la insurrección, la líder había hecho solicitudes formales “a las autoridades coloniales de Tinta, Cusco y Lima, para que los indígenas fueran liberados del trabajo obligatorio en las minas y exonerados del cumplimiento de la mita, obteniendo siempre negativas».

Así lo señala Bernardino Ramírez Bautista, investigador de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en el artículo “Próceres campesinos en la guerra de la Independencia del Perú”, de la revista Investigaciones Sociales. Y en ocasiones era ella quien definía la estrategia a seguir y su esposo quien la implementaba. De hecho, se cree que perdieron la batalla decisiva contra el ejército español, en parte porque Túpac Amaru II se demoró mucho en seguir los consejos de Bastidas, quien quería tomar la ciudad de Cusco con mucha anticipación, pues consideraba que «era un objetivo central para su movimiento».