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Motorpasion
Disfrazarse de deportivo es muy fácil, pero de ahí, a verdaderamente preocuparse por una dinámica interesante, hay un gran —y difícil— paso que dar. Las siglas ST de Ford han transformado a hatchbacks como Focus o Fiesta en deportivos genuinos. Hoy ese par de letras llegan a México en forma de Edge. ¿Habrá sido Ford capaz de profanar sus siglas deportivas? Pasamos días al volante del Ford Edge ST para averiguarlo. UN SUV DE ESPÍRITU ‘RACING’ Ford quiere ver más modelos de alto desempeño en sus concesionarios. El nuevo Edge ST atiende esa estrategia. Su pintura azul significa que pertenece a la gama Performance. Este color lo inauguró el emblemático Ford GT y poco a poco fue llegando a más y más modelos, pasando por Raptor, Mustang, Focus y, hoy, a Edge. Edge es el primer SUV de Ford que recibe un tratamiento ST que va más allá de las apariencias. A la vista lo distinguirás por el baño de accesorios racing, compuesto por una parrilla más grande —con la misión de mejorar el fujo de aire hacia el motor—, rines de aluminio de 20”, faldones, estribos y alerones. A mi gusto, la parte trasera es la más interesante. Si el mismo diseño de Edge ya resultaba lo suficientemente atractivo, el traje ST le va de maravilla gracias a la forma de las puntas de escape y las salidas de aire —simuladas. El Ford Edge ST no es un SUV precisamente pequeño. Mide 4.77 metros de largo y no es la primera vez que se nos presenta con una variante deportiva. Antes de este modelo existió una versión llamada Sport; con los emblemas ST da el salto definitivo hacia el universo de los SUV deportivos.
LA MANO DEL EQUIPO ST SE REFLEJA EN LA DINÁMICA
Al principio hablaba de cómo existen modelos que se disfrazan de deportivos, pero que a la hora de la verdad se preocupan muy poco por la dinámica. El Edge ST se toma en serio su papel. La mano de la división Performance de Ford se nota desde los primeros kilómetros a través de una dirección más firme y una suspensión notablemente más rígida: 12% más firme al frente y 20% más atrás. El equipo ST también metió mano en las barras estabilizadoras, los neumáticos y hasta el sistema de frenos, con pinzas y rotores más grandes. No voy a decir que su conducción transmite la misma agilidad que un hothatch, porque con el tamaño y peso de Edge, es imposible. Tampoco diré que es un SUV de total vocación deportiva, pero sí me parece un producto que hace la tregua entre la comodidad que esperas de una camioneta y la chispa que quieres en un deportivo. El incremento en la rigidez y el sistema de tracción integral ayudan a un comportamiento sobresaliente en curvas. Por el tamaño se esperarían transferencias de peso muy abruptas o mucha tendencia a subvirar, y aunque sí hay algo de roleo, los movimientos son sutiles y llenos de control. El Edge ST no lanchea como otros SUV ni peca de blando. La suspensión está en el punto exacto para sacarle provecho a la velocidad y absorber bien irregularidades en ciudad. Esa firmeza extra llega a sentirse sin incomodar Ahora bien, el motor.
Este V6 EcoBoost ya lo habíamos visto en el Edge Sport hace algunos años, pero para el Edge ST gana 15 hp y 30 lb-pie. Me gusta que por su tamaño logra disimular el turbo-lag. Lo tiene, sí, muy ligero, pero casi no se siente gracias al mismo poder del motor antes de entrar el turbo, y una vez que entra, sientes la patada y entiendes que se trata de un SUV que no se toma el apellido ST a la ligera. La transmisión de ocho velocidades es rápida y eficaz. En modo normal es suave y entiende mucho de confort, en modo S sostiene el cambio incluso al borde de la línea roja del tacómetro y se vuelve agresiva — como debe ser en un deportivo. Hay paletas al volante, pero no son tan instantáneas; prefiero la programación de la caja por sí misma. Como todo auto de altas prestaciones, está el lado menos divertido: hablar de rendimiento de combustible. Durante nuestra semana de prueba, el Ford Edge ST marcó un promedio de 6.8 km/l.
TODO UN EDGE POR DENTRO
La cabina del Edge no se olvida de todos los atributos necesarios para triunfar en el segmento de los SUV. Lo primero a tener en cuenta es que no se trata de un SUV premium. Desde el punto de vista de una marca de volumen, como lo es Ford, la calidad de los acabados convence. Hay buena cantidad de superficies suaves y ensambles sólidos. Su carta más fuerte definitivamente está al hablar de equipamiento. Con ficha técnica en mano, no existe otro SUV de este tamaño que ofrezca tanto por $840,000 como lo hace Edge, que incluye techo panorámico, un extraordinario sistema de sonido Bang & Olufsen de 12 bocinas, asientos delanteros y traseros con calefacción, —los de adelante además se pueden enfriar y ambos son de ajuste eléctrico. La segunda fila de asientos se puede plegar eléctricamente, la cajuela es de apertura manos libres, los asientos y la columna de la dirección tienen memoria —la columna es de ajuste eléctrico— y, en general, a nivel confort deja muy buen sabor de boca. Ahora bien, en tecnología de seguridad, lo tiene casi todo. Incluye control de velocidad crucero adaptativo con función de mantenimiento de carril y alerta de colisión.








