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El contexto funerario permaneció oculto bajo una de las calles del primer cuadro de la localidad. Foto Centro INAH Puebla
Delia Reyes
El Centro del INAH de Puebla encontró en San Juan Ixcaquixtla, municipio ubicado en la parte sur del estado una tumba de tradición mixteco-zapoteca que permaneció intacta por mil 500 años, resguardando los secretos de un rito de culto a los ancestros, celebrado presumiblemente por un linaje de comerciantes-guerreros.
Por siglos, el contexto funerario permaneció oculto bajo una de las calles del primer cuadro de la localidad hasta que, al realizar los trabajos de urbanización, el equipo del presidente municipal, Santiago Miranda de Aquino, lo encontró y dio aviso Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), el cual comisionó a especialistas en el lugar desde la última semana de septiembre para explorar el hallazgo.
La coordinación fue del arqueólogo Alberto Diez-Barroso Repizo, quien explicó que en San Juan Ixcaquixtla, al sur del estado de Puebla, se levantó un sitio prehispánico y el mayor de los montículos o “teteles”, localizado en lo que ahora es el centro de la cabecera municipal.
En un comunicado emitido por el instituto, se dio a conocer que el contexto funerario permaneció oculto bajo una de las calles del primer cuadro de la localidad hasta que al realizar los trabajos de urbanización, el equipo de trabajo lo encontró y dio aviso al Centro INAH Puebla, el cual comisionó a un equipo de arqueología y antropología física en el lugar, desde la última semana de septiembre de 2023.
El pueblo de San Juan Ixcaquixtla se ubica sobre una loma que domina un valle, sobre el que se levantó el impresionante sitio arqueológico, y el mayor de los montículos o “teteles”, como suele llamarlos la gente de la Mixteca Baja, se localizaba en lo que ahora es el centro de la cabecera municipal, dijo Diez-Barroso, quien señaló que, a juzgar por la forma y decoración de la tradición de las vajillas cerámicas, el contexto funerario corresponde al periodo Clásico mesoamericano (100-650 d.C.), resaltando que “los entierros forman parte de una tradición mortuoria, en la cual se creaban espacios para la deposición de múltiples individuos, los cuales posiblemente formaban parte de algún linaje de comerciantes-guerreros, por lo cual nos encontraríamos ante un ritual de culto a los ancestros, toda vez que algunas osamentas pertenecen a adultos mayores”.
Hasta el momento se han identificado dos cámaras de 4 por 2 metros como parte de un complejo funerario mayor, que contenían tres entierros con los restos óseos de, al menos, 20 individuos. Durante la excavación se han ido recuperando los enterramientos y sus ofrendas asociadas, que constan de 150 vasijas cerámicas, un hueso humano (posiblemente parte de una tibia) tallado y esgrafiado, un hacha votiva y tres yugos de tradición mesoamericana, encontrados en la segunda cámara mortuoria, ubicada al noroeste de la principal.
Por su parte, en el mismo comunicado, el director del Centro INAH Puebla, Manuel Villarruel Vázquez, subraya la prioridad de salvaguardar el patrimonio arqueológico del municipio, en beneficio de la conservación de la historia e identidad de la comunidad, por lo que la investigación integrará los datos recuperados en estas dos tumbas y el estudio concluirá hasta haber agotado la exploración de todas las cámaras que integran este complejo mortuorio, las cuales podrían ser al menos tres.











