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Constantemente, tanto la prensa como diferentes organismos nos alertan de los peligros de la tecnología para nuestras relaciones interpersonales, invitándonos a “desconectar para conectar”. Sin embargo, como en todas las cuestiones, hay matices, y las cosas no son blancas o negras sino que encontramos diferentes tonalidades.
Si bien es cierto que los adolescentes y jóvenes se comunican mucho más a través de servicios de mensajería y redes sociales, las herramientas tecnológicas pueden dar para mucho más. En el caso concreto de la juventud, es cierto que un exceso o exclusividad de esta vía de comunicación puede producir trastornos en las habilidades sociales y de comunicación, que no se encuentren perfectamente desarrolladas, ya que se está omitiendo un “entrenamiento” de la interactuación directa con otras personas, por lo que la gestión de emociones o la detección de señales por parte de otras personas no llega a una madurez que se puede traducir en conflictos a nivel profesional el día de mañana. La empatía no se trabaja de la misma manera y las relaciones se pueden interrumpir de inmediato pulsando simplemente el botón “bloquear”, cosa que no es tan sencillo en el cara a cara.
Sin embargo la tecnología ayuda a realizar ciertas tareas cotidianas como comprobar las cuentas bancarias, enviar un currículo, encargar comida a domicilio o utilizar el móvil para jugar a la lotería. También otro tipo de tareas como reservar un libro en la biblioteca, solicitar una cita médica o probarse unas gafas gracias a la realidad virtual antes de ir a comprarlas son una realidad muy cómoda que no aleja a las personas, sino que facilita tareas automatizadas dejando más tiempo libre para el ocio y entretenimiento en común.
En un punto casi opuesto al de los adolescentes se encuentra la tercera edad, que gracias a las nuevas tecnologías están combatiendo la soledad mediante videollamadas y chats para poder permanecer más fácilmente en contacto con sus hijos o nietos cuando estos viven lejos o tienen horarios complicados para visitarles a diario. Hay estudios que respaldan que efectivamente los mayores se sienten menos solos desde que pueden comunicarse de esta manera, si bien al mismo tiempo tienen miedo de utilizar las herramientas anteriormente citadas como comprobar el saldo de su cuenta o acceder a resultados médicos, pues piensan que no pueden aprender el funcionamiento de estos sistemas, si bien diferentes empresas están tratando de poner remedio a esta situación para hacer su vida más fácil.










