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La autora suiza, radicada en Alemania, presentó en la Feria del Libro de Buenos Aires su última novela, “Los amores de una vida”, que obtuvo el Premio Suizo del Libro
Infobae
Monique Schwitter es una actriz y directora de teatro suiza que un buen día se bajó de las tablas y decidió dedicarse a su primer amor: la literatura. Nació en Zurich y vive en Hamburgo, Alemania, desde 2005. Dice que extraña, cada vez más. “Hay diferencias muy sutiles y diferencias muy grandes, pero nadie me reconocería como una inmigrante, aunque por supuesto que lo soy. La verdad es que a los alemanes no los entiendo para nada”, confiesa. En realidad, no lo dice, lo escribe, porque la entrevista para Infobae Cultura consiste en un interc a m b i o de mails, a n t e s de que Schwitter viaje por p r i m e r a vez a la Argentina (invitada por el Goethe-Institut, la editorial Edhasa y la fundación Pro Helvetia) para presentar, en la Feria del Libro de Buenos Aires, su novela Los amores de una vida (Edhasa, 2019), que obtuvo el Premio Suizo del Libro y fue finalista del Premio Alemán del Libro. Un título que dice “casi” todo. –¿Cómo surgió la idea de Los amores de una vida? -Quería escribir un libro sobre el amor. Sobre las varias caras del amor, su esencia y su origen. Busqué el formato adecuado y durante largo tiempo estuve recopilando historias de amor. Pero me di cuenta de que sin un componente personal, no funciona. Y además el amor es tan imprevisible, que el aspecto caótico -la vida- no puede quedar afuera. –Hay un elemento “random” en el comienzo del libro, y es que la protagonista se entera del suicidio de un primer amor, Petrus, cuando decide googlearlo. ¿Es el deseo de cambiar o entender el presente lo que la lleva a hacer esa búsqueda hacia el pasado, ese viaje real y simbólico, saliendo de la realidad del matrimonio con Philipp? -A menudo son momentos casuales los que generan algo, los que ponen las cosas en funcionamiento, ya sea una idea, algo vivido, una relación, e incluso un libro. El libro quiere salvar el matrimonio: ese es el proyecto. Pero no a través de una terapia de pareja o con la idea de inyectarle más fuego a la vida amorosa, sino a través de un entendimiento de base. Es el intento de examinar y comprender el tema del amor en otro plano, más profundo y general. Partiendo de una pareja concreta, reflexionar por una vez sobre el amor.
Y también sobre la pregunta: ¿qué fue todo eso? Es más fácil pensar sobre lo pasado que sobre la actualidad, que generalmente resulta inaprensible, incomprensible, nebulosa. Pero a través del rodeo del pasado a veces el presente se deja aprehender, al menos hasta cierto punto. –Ella lucha contra la idea de que la maternidad implica sacrificios, y eso está puesto, por ejemplo, en dejar el cigarrillo como una prohibición contra la que en parte se rebela. ¿Hay una pelea contra lo biológico femenino ahí? –Ser madre significa prescindir de una misma. Correr el foco. (Este es probablemente el fundamento y el secreto del “amor” en sí). También significa ser inmortal, o tener que serlo. Por eso una se cuida de no morir. Todo lo que hace daño debe ser evitado. Una evita los excesos, deja el cigarrillo, come “sano”. ¡Mis hijos hasta consiguieron que me pusiera un casco de bicicleta! A la vez, en este “modo inmortal” una no siempre puede o quiere tomarse la vida tan en serio… –En una novela llena de nombres, los hijos no los tienen. ¿A qué obedece esadecisión? -¡Por supuesto que los chicos tienen nombre! Cada persona tiene un nombre. No hay que confundir lo que se expresa con aquello que es. En la literatura se trata precisamente de aquello que está ahí pero no tiene ningún nombre. Ninguna etiqueta, ningún manual de instrucciones, ningún ícono. Aquello que se sustrae o se esconde a primera vista, a la mirada rápida, al breve arrebato. ¿Por qué, podría preguntarse en cambio, no se mencionan los nombres de los hijos y del perro, lo mismo que el de la narradora? Lo de “nombrar por su nombre” es un asunto bíblico, como aparece en Isaías 43: “Te he llamado por tu nombre, mío eres tú.” Es un acto casi agresivo. Lo que me pareció interesante al escribir fue ponerle nombres a los hombres, “nombres artísticos”. Es la narradora la que los crea, podría decir que “el hombre” en sí no existe. Recién cuando es nombrado, cuando se lo ve y se lo describe, cuando representa algo a ojos de la mujer (narradora), empieza su existencia. Con los hijos y el perro, en cambio, la narradora está unida por el amor más hermoso y completo.
No es necesario mencionarlos todo el tiempo por su nombre ni darles otro para crearlos. –La perra/perro cuyo nombre no se menciona, entonces, es un personaje que cumple un rol importante en la novela. ¿A qué obedece ese juego permanente con los géneros, él/ella (que algunos idiomas permiten)? -En alemán se dice siempre “el perro”. Pero el que tiene una relación más profunda con la personalidad de una perra, termina sintiéndolo como inadecuado, como insatisfactorio. Ella es mucho más que “el perro”. Ella es “ella”. Por supuesto que tiene un nombre, pero es mucho más que eso. Es tan importante, que no hace falta mencionarla por su nombre, ella es única. (A diferencia de un nombre, porque no hay ni un solo nombre que sea único.) –¿Cómo trabajó los elementos autobiográficos si los hay? -Todo el libro es un único juego con la pregunta en torno de si hay elementos autobiográficos y cómo son trabajados. Si quiere una respuesta rápida: en mi opinión es imposible prescindir de “una misma” cuando se está creando algo. A la vez, resulta imposible escribir sobre “una misma”. Porque nada “es”. Porque todo se crea, debe crearse escribiendo. No se puede recurrir a nada, mucho menos a “una misma”. –¿Está escribiendo o por publicar otra novela? -Sí, hace años ya. De nuevo es sobre ser y parecer y las construcciones de eso. Sobre simulacros. Sobre la vieja pregunta: ¿es real? ¿Cuándo es real? ¿Nos referimos a nosotros? ¿Es él aquel que quiere ser? ¿Es él aquel que dice ser? Está previsto que la novela se publique el año que viene.










