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¿Qué se siente ser una mujer en la música? Es una pregunta que me hacen tan seguido, que ya estoy hasta cansada de contestarla. Quisiera que esa pregunta no existiera, que no tuviese razón de ser, que ser “una mujer en la música” fuese más común y más sencillo, pero no lo es. Es una pregunta que no se puede contestar en los cinco minutos que dura una entrevista de radio, y honestamente, no estoy segura que los periodistas y los que están escuchando desde sus casas y sus carros, de camino al trabajo y mientras se preparan el café, quieran realmente saber la respuesta. Lo bueno es que hace unos días, mientras les escribía esto, celebrábamos el Día de la Igualdad de la Mujer y se me hace una gran oportunidad para hablar de este tema.
A mis 27 años, en una fiesta de los Latin Grammys, conocí a uno de los managers más importantes de Latinoamérica. Lo primero que me dijo fue: “¡Raquel Sofía, pensaba que eras más gorda! Estás muy bien, mantente así”. Años después, estaba en una reunión con una marca de cerveza muy importante y uno de los ejecutivos esperó a que todos los otros se pararan de la mesa para decirme: “¡Qué culote y qué tetotas se te ven en ese vestido!” Recién llegada a México, fui a una sesión a componer y uno de los artistas con los que estaba, me pidió mi número para invitarme a escribir más canciones juntos. Nunca me invitó a componer de nuevo, pero sí duró varias mañanas escribiéndome: “¿Cómo amanecen esos rulos hermosos?” Esto es ser una mujer en la música. Bueno, en realidad, esto es ser una mujer.
Estas historias no son nada nuevo y estoy segura que muchas de ustedes tienen cuentos parecidos y hasta peores. Lo extraño de ser “una mujer en la música”, una figura pública, es que de momento, se vuelve aceptable que gente que no conoces, hombres en la industria o personas que se esconden al otro lado de una pantalla, te juzguen y te falten el respeto. Apenas comenzando mi carrera, un productor me dejó claro que “la gente lo que quiere es bailar” y que “a nadie le interesan tus canciones con tu guitarra y tus sentimientos”. Yo elegí ignorarlo y aquí estoy, siete años después, escribiendo y cantando lo que me sale del corazón. Decidí remar contra la corriente y me he encontrado con una camada de músicos, cantantes, productores, ingenieros y artistas mujeres que han decidido remar también.
No es ningún secreto que a las mujeres en la música (y en cualquier industria) nos toca ser más trabajadoras, más serias, más estudiosas y más dedicadas, porque nuestro éxito es constantemente justificado con frases como: “es porque está buena” o “es porque aquel se la quiere coger.” Nos toca tratar de jugar un juego imposible: ser sexy, pero no demasiado, ser inteligentes, pero no intimidantes y ser naturales, pero increíblemente hermosas. Para nosotras, rara vez se trata sólo de nuestro talento y es algo con lo que hemos tenido que aprender a vivir.
Yo amo ser mujer y amo ser mujer en la música. Tengo las mejores historias, he conocido personas increíbles y vivo haciendo lo que más amo. Me siento fuerte y sexy a diario y llevo mi feminidad, y todo lo que conlleva, con mucho orgullo. A mis 34 años he aprendido que nada se da con facilidad para nosotras, pero tampoco necesitamos que las cosas sean fáciles. Los retos y las dificultades de la industria me han ayudado a darme cuenta de todo lo feo que soy capaz de aguantar y convertir en magia.
¿Qué se siente ser una mujer en la música? Para mí, no se trata de sólo hacer canciones, sino que también siento una urgencia de generar un cambio en la industria junto a todas mis colegas. Nos toca a nosotras aplaudirnos las unas a las otras. Nos toca a nosotras generar espacios para mujeres en festivales, en estudios, en los premios y en los “charts”. Nos toca a nosotras ser auténticas para cambiar el discurso, la visión y los estereotipos en la música latina. Nos toca a nosotras seguir remando contra la corriente hasta que la corriente, finalmente, cambie de dirección.










