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En la vida social, gregaria o común, un sistema de ideas te protege o te dogmatiza, te libera o te esclaviza. Cada una de estás circunstancias nos obliga a captar o entender el sentido de las cosas, es decir; en lo que se pensó en la mente de algunos hombres y la ejecución misma de lo pensado. Pero se toma más en cuenta el fin de las ideas que el origen de estás <para qué se pensaron en lugar de quién las pensó> aúnque no dejan de tener importancia las dos vertientes y debe prevalecer el sentido de las cosas.
Se dice en el análisis de los grandes ilustrados y en relación a la etapas de nuestra historia, “que la democracia mexicana es un sistema que no existe, que el primer traidor de la misma fue Agustín de Iturbide, quién en su tiempo hizo nombrar a una Junta de Gobierno, pero a su vez, este los obligó a nombrarlo emperador de México, en lugar de convocar a elecciones dónde fueran escuchadas todas las opiniones vigentes, aunque no fueran propiamente partidos políticos”. Los principales actores de la política actual, hacen alarde de ser conocedores de los hechos históricos, de sus causas y consecuencias, sin embargo, siguen excluyendo al pueblo de la real designación de sus gobernantes. Pero digamos aquí el porque.
Las alianzas, las candidaturas comunes son parcialmente representativas y sistemáticamente canalizadoras de votos, bajo acuerdos previos. Mientras por un lado, a nivel municipal los partidos se disputan los adeptos, por otro, a nivel local y federal convergen en la voluntad del votante, es decir, un elector al emitir su voto en pro de un partido que busca el cargo de un gobierno municipal, aunque no conscienta votar por otro que pretende una diputación local o federal, la Alianza previa, encapsula su decisión secreta e independiente ¿Y quién decidió la conformación de las alianzas? El pueblo, no.
Parece confuso, suena caótico el estudio de esta estrategia democrática, pero es un evidente bodrio electoral. Pero volvemos al primer planteamiento inicial de nuestro tema ¿Por qué se guisa de tal manera la democracia? Si es que existe. Acaso se beneficia el pueblo con esta forma de hacer las alianzas partidistas, cuyos institutos en un punto se unen y en otros se separan (traiciones y complicidades) ¿No será esto una forma de suplantar la voluntad popular? Como en los viejos tiempos de Iturbide. Los que gustan de la historia recordaran la frase de Julio Cesar o del Gran Napoleón y su respuesta será “divide y domina” (divíde et impéra) divide y vencerás. ¿Y después de las alianzas partidistas qué?
Lic. Claudio Leyva Bustos.












