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Toño López Ruiz
Venimos saliendo de la pandemia. Apenas estamos descubriendo los efectos de estar casi dos años en confinamiento. Por si fuera poco, frecuentemente escuchamos que en Europa hay guerra. Que los precios de los combustibles suben. Y tenemos una noción sobre la escasez de materiales eléctricos que afecta lo que los economistas conocen como cadenas de producción.
Estamos casi en marzo de 2023 y estamos encontrando cierta estabilidad, cuando nos enteramos que por la combinación de todo lo anterior, las noticias nos informan que subieron los precios de los alimentos. Un kilo de bistec puede alcanzar los 199 pesos. Un litro de aceite te puede salir en 88 pesos. Un kilo de huevo blanco hasta 97 pesos.
No es raro escuchar que una familia de bajos ingresos dedica hasta el 80 por ciento de sus ingresos en el precio de los alimentos. De acuerdo con el Grupo Consultor de Mercados Agrícolas, en febrero de este año, hubo alimentos que tuvieron un incremento de hasta 116 por ciento. Imaginen entonces cómo les puede afectar a estas familias la inflación.
Peor aún, el Banco de México anunció que el crecimiento la inflación subyacente -esa que mide el precio de los alimentos-puede alcanzar hasta el 8.84 por ciento en 2023. Es decir, que los alimentos van a seguir subiendo todo el año.
Si las familias con menos ingresos van a dedicar 8 o 9 de cada 10 pesos que ganan a comprar alimentos ¿Qué va a pasar con el gasto en salud, educación, transporte, vestido, calzado, vivienda, seguridad pública? Ya para qué nos metemos en temas de ahorro o inversión.
Se vienen tiempos difíciles, y las familias de la capital del Estado, principalmente del sur de la ciudad, me han platicado que están preocupados por ese aspecto. Ahorita no hay tanta presión, pero ya se empieza a sentir la inquietud y la incertidumbre. Las solicitudes de inscripción a los programas sociales están creciendo. Sabemos que los apoyos del Gobierno Federal están ayudando, pero poco a poco parece que el dinero ya no rinde como antes.
La gente me pregunta por descuentos o subsidios en los alimentos. Principalmente porque desde el Congreso lanzamos el Programa Canastita Poblana, que basado en la Economía Social y Solidaria, rompe los esquemas de los intermediarios, da opciones de empleo a productores poblano, y vende alimentos de la canasta básica con descuentos de hasta 50 pesos.
Llevamos más de 2000 familias beneficiadas y vamos a seguir avanzando. Pero el esfuerzo puede no ser suficiente. Hay muchas madres de familia que están preocupadas por las inscripciones a la escuela, los uniformes del próximo año o los útiles escolares de los niños.
Hay muchos adultos mayores que empiezan a sentir que no les alcanza para las medicinas, los estudios clínicos y las consultas mensuales. Hay muchos padres de familia que ya sienten que tienen que estirar el gasto, que le rascan para cubrir el transporte, y que ya no les alcanza para los arreglos de electricidad, plomería, humedad o pintura de sus hogares.
Como dice el dicho “La preocupación es como una mecedora, te da algo que hacer pero no te lleva a ninguna parte”. Por eso, no me queda duda, que los poblanos sabemos sobreponernos a las adversidades, y que sabremos superar esta situación. Sin embargo, no está de más hacer crecer las redes ciudadanas, y que los Gobiernos sigan encontrando alternativas, junto con la iniciativa privada, para seguir implementando acciones oportunas y directas.










