🎧 Usa el reproductor para escuchar esta nota
Abigail Quechol
En la ciudad de Nueva York, un 8 de marzo de 1857, las mujeres obreras de la fábrica textilera “Cotton” realizaron una manifestación, reclamando mejores condiciones laborales y la reducción de su jornada laboral, tomando las calles de la ciudad. La manifestación no fue bien recibida por el sector patronal, fueron reprimidas las manifestantes, dejando un saldo de 120 mujeres muertas, algunas por los diversos disparos de armas de fuego por parte de la policía y otras en un incendio provocado por el mismo patrón, en respuesta a sus peticiones, pues la fábrica quedó inmersa en llamas y una nube de humo -se dice- de color morado que, posteriormente, se convertiría en un color representativo para las mujeres.
Pasaron 53 años, en el marco de la Segunda Reunión Mundial de Mujeres Socialistas, un mismo 8 de marzo, pero de 1910, Clara Seltkin, defensora de los derechos de las mujeres, propone institucionalizar el Día Internacional de la Mujer, escogiendo este día para la celebración y el reconocimiento de las trabajadoras que dieron su vida en dicha manifestación, la cual se convirtió en un símbolo del movimiento obrero mundial, un símbolo de lucha.
A pesar de la declaratoria en 1910, no fue hasta 1975 que, en el marco de la Primera conferencia Mundial de la Mujeres, la Organización de las Naciones Unidad (ONU) formalizó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer, entre los países.
Han pasado más de 100 años desde esa primera conmemoración hacia la mujer, el Día Internacional de la Mujer ha evolucionado y sigue tomando fuerza con el paso de los años, convirtiéndose en un motivo más para examinar las necesidades de las mujeres y, con ello, tomar acciones para exigir igualdad de derechos entre los géneros, así como solicitar acceso a servicios como salud, educación, empleo y protección.
Ahora, este día se toman las calles por miles de mujeres en diversos países alrededor del mundo, en busca y exigencia de una vida digna para el género femenino.
En México, las exigencias de los diversos movimientos a lo largo del país se materializan en el marco jurídico, el 1 de febrero de 2007, fecha en la que fue publicada la Ley General de Acceso de las Mujeres a una vida Libre de Violencia y, desde su publicación, ha sido reformada constantemente, de acuerdo a los cambios sociales y a las necesidades que se van presentando. La importancia de esta ley radica en el bien jurídico, asegurando el derecho humano de las mujeres a una vida libre de violencia.
Dicha ley de interés social tiene como objetivo establecer una coordinación entre las instituciones, la Federación, las entidades y los municipios para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres.
En la capital de Puebla, sólo en 2022, mil de mujeres se unieron para marchar en calles del Centro Histórico y vestirlas de morado, unidas para tomar acción y exigir justicia por ellas y por las que ya no están, siendo lo que retumbaban en sus consignas y cantos.
En una rueda de prensa llevada a cabo el pasado 27 de febrero, diversos colectivos y organizaciones hicieron un llamado a las mujeres poblanas para salir a tomar las calles una vez más y para hacer visible el movimiento, con la finalidad de externar las exigencias de esta realidad social. Han sido 5 años en los que, en el Día Internacional de la Mujer, más poblanas se unen a marchar y tomar las calles, sin importar la administración en turno.
Dentro del marco jurídico, Puebla ha dado grandes pasos, empezando con la “Ley Olimpia” que desde 2020 entró en vigor, la cual es un conjunto de legislaciones encaminados en reconocer la violencia digital y sancionar los delitos que violen la intimidad sexual de las personas, a través de medios digitales, buscando proteger la integridad de las mujeres en el mundo digital.
Además, también se encuentra la “Ley Monzón”, aprobada por el Congreso local el pasado 2 de marzo. La reforma plantea suspender la patria potestad de menores, cuyo padre esté vinculado a un proceso por feminicidio o intento de feminicidio e incluso llegar a perder este derecho. Con ello, Puebla se convirtió en el primer Estado en reformar esta ley, marcando un precedente y abriendo la puerta para las demás entidades del país.
De igual manera, el pasado 2 de marzo, el Congreso aprobó que los ataques con ácido u otras sustancias sean considerados como tentativa de feminicidio, de igual manera, de forma unánime, sancionando este tipo de violencia, llegando penas de hasta 40 años para los agresores.
Puebla ha marcado muchos precedentes, buscando esta vida libre de violencia para las mujeres, escuchando a las poblanas que toman las calles año con año.












