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Infobae/Diego Rojas
Netflix anunció, mediante un videito que circuló por las redes sociales, que había cerrado el trato para filmar una serie inspirada en Cien años de soledad, la gran novela del colombiano Gabriel García Márquez, fallecido en 2014. Sin embargo, la compañía no mencionó que el escritor había rechazado firmemente que ese libro llegue a las pantallas. Así lo había manifestado en varias oportunidades a la prensa.
“Las cartas que encuentro más interesantes son de gente que me pregunta de dónde saqué tal tema o tal pasaje o aquel personaje –explicaba Gabo al New York Times en una entrevista de 1988–. Porque ellos sienten que se trata de algo o alguien que conocen. Dicen: ‘es igual igual a mi tío’. O: ‘Tengo un sobrino igual a él’. O: ‘Ese episodio ocurrió tal cual en mi pueblo. ¿Cómo llegó a sus oidos?’. Gente de toda Latinoamérica me escribió esas cosas, especialmente después de Cien años de soledad. Sentían que había sido parte de sus vidas”. –¿Es por eso que rechazó que el libro sea filmado? ¿Porque esa identificación se perdería? –preguntaba el periodista del diario estadounidense. –Sería destruída. Una película no permite esa relación. La cara del actor, de Gregory Peck se convierte en la del personaje.
No puede ser tu tío, a menos que tu tío sea igual a Gregory Peck. La misma posición desarrolló en una entrevista realizada por la televisión inglesa: “En una época de desavenencia con el cine, dije que yo había escrito Cien años de soledad contra el cine”, disparó el escritor. Y retomó el argumento de la relación íntima de los lectores con sus personajes. “En cine no se puede: los personajes tienen la cara de Anthony Queen, de Sophia Loren o Robert Redford. Es inevitable y es muy difícil que un abuelito de nosotros se parezca a Robert Redford. Entonces he preferido dejarle a los lectores: literatura es literatura y cine es cine. Mis libros son novelas y quedan como novelas. Déjenme escribir películas y escribir para televisión y tenerlos de manera independiente. La novela tiene la ventaja de dejar un margen de creación al lector que le deja el cine.












