Segunda y última parte

Mino D’Blanc …

de que ya fueron exitosos, siguen siendo exitosos, y estamos saliendo gente nueva y a lo mejor tienes que basarte en alguien. Admiro mucho a Polo Polo, lo seguía a todos lados y me gusta su estilo de contarlos; lo único que le meto es mi manera de contar las historias. A lo mejor no todos los chistes que él hizo famosos, porque la mayoría ya existían; él tuvo la oportunidad de grabarlos, pero por ejemplo, si uno se mete a la biografía de Polo Polo, él admiraba a Flavio, el de la libreta, lo iba a ver, admiraba a Sergio Corona, y eso es bonito que él reconoce a quién admira y en quién se basa para hacer muchas cosas. En mi show me baso en la manera en cómo él contaba las historias, pero las cuento yo a mi estilo, a mi manera. A lo mejor la gente te compara, pero no somos moneditas de oro.

MD’B: Entonces tus chistes son como una comedia de situación.

P: Exactamente, pero esa situación embona en mucha gente del público.

MD’B: ¿Qué tan lejano está Pipirín a la persona que da vida a Pipirín?

P: Sí soy diferente; soy un cincuenta por ciento diferente, la verdad. Yo soy muy serio, más cuando duermo (ríe); sí soy diferente. La gente piensa que todo el día estoy haciendo bromas y no es así; me duelen cosas, sufro por cosas, me duele mi país.

MD’B: ¿Qué tan seria es tu comedia, tomando en cuenta la frase que dicta que la comedia debe ser lo más serio?

P: Es cien por ciento seria, pero a manera de comedia, porque al fin y al cabo, nosotros trabajamos para hacer reír al público que nos ve.

MD’B: ¿En qué momento fuiste Pipirín?

P: A los 12 años comencé viendo gente, conozco a alguien, me empieza a maquillar, recorro calles, recorro semáforos, recorro camiones, parques, y me abro a comenzar a investigar sobre el payaso y a ver todo lo que hay. Antes no había este tipo de maquillaje, antes no había cierto tipo de payasos, no habían las cremas que ahora ocupamos, antes era óleo, lápiz de cera al que le ponías aceite Menen, había gente que se ponía hasta pintura del zapato, y después a desmaquillarse como se podía. No teníamos lo de ahora; ya hay maquillajes que no te perjudican tanto.

MD’B: ¿Qué es lo que no ha cambiado de Pipirín?

P: Mi manera de ser; tengo los pies sobre la tierra.

MD’B: ¿Cuál es el sello que te eterniza como Pipirín?

P: Mi maquillaje. Y dentro del humor, la manera de contar las cosas; como te decía yo, me considero un narrador y eso yo lo quisiera tener siempre.

MD’B: ¿La neocomedia qué tanto te obstaculiza, tomando en cuenta que tú vas a la vanguardia?

P: No me obstaculiza, al contrario, me da puntos. Porque la gente te visualiza diferente, porque ven que vas impecable de pies a cabeza, porque yo siempre respeto cada lugar en el que me presento, porque es el que me hace o no me hace, y el público merece un respeto. Quien reconoce mi trabajo me hace famoso, porque va y lo divulga.

MD’B: ¿Cómo te visualizas en 10 o 20 años?

P: Si ya no me agarra el tinte, más viejo (ríe). Ya parezco pareja Tutsi Pop. Me visualizo con el ritmo que llevo de vida; si duermo un poco más, con el mismo ritmo y la misma salud.

MD’B: ¿La televisión?

P: Ahí está; todavía la debo (ríe). Cuando me llaman, si tengo la oportunidad y los medios para trasladarme, estoy ahí, porque la televisión ya ha cambiado completamente. Las plataformas siempre nos van a ayudar; es un punto en que la gente te va a ver. En la televisión tú te presentas y no sabes cuánta gente te está viendo. A mí me ha dado a conocer en muchas cosas; para comenzar, mi estilo que era lo que quería que conocieran, porque no es lo mismo verme en la televisión que verme en vivo. En la televisión hay ciertos límites; no se pueden decir marcas, no se puede hablar de ciertos temas o decir ciertas palabras, y en el escenario que no es la tele, sí lo puedes hacer, pero ya bien hecho, bien escrito, que la gente lo dijera como es.

MD’B: ¿Hay autocensura en ti?

P: No como tal, pero pregunto al público cómo quieren el show.

MD’B: ¿Cuáles son tus elementos escenotécnicos a la hora de subirte al escenario y cada cuánto los cambias?

P: Tengo un equipo de tres personas que se responsabilizan de mis pelucas, de mis sacos, de los chalecos, del personaje que va a salir en el momento, y uno especial para lo que es la musicalización y los remates de chistes. Nunca puedo ensayar con ellos, porque yo soy de las personas que improviso mucho; un chiste nunca lo cuento igual, puede ser el mismo inicio y el mismo final, pero todo lo que lleva el sándwich adentro no es igual siempre. Como todos los comediantes, tenemos fracciones de minutos para ver cómo está la gente, cómo le vas a llegar, qué tipo de gente es, no todos los show son iguales. Es un punto a favor cuando la gente ya te conoce, porque dicen voy a verlo, ya sé qué es lo que trae, ya vienen dispuestos a reírse. Lo único que es igual es el rompe hielos, la bienvenida, pero eso es lógico.

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