Mitzi Barragán De la Llave

 

En la última entrega te platiqué de la importancia de generar empatía en estos momentos complicados para todos nosotros, ¿pero qué valores post-pandemia surgirán? Platicando con unos amigos, hace unos días resaltaron la importancia de la resiliencia en esta época. Si bien es cierto, siempre ha sido importante, en los últimos meses ha recobrado mucha relevancia y sobre todo que la empezamos a llamar por su nombre.

Hace algunos años, lo que ahora llamamos resiliencia era conocido someramente como “sobreponerse”, pero no englobaba la magnitud ni complejidad de lo que la resiliencia significa. Haremos un breve ejercicio, si yo te pregunto ¿cómo practicas la empatía? tienes una respuesta a la mano o te hice detenerte a reflexionar, incluso, ¿practico la empatía?

Hasta este punto te has de preguntar ¿qué tiene que ver la empatía con la resiliencia?, yo considero que todo. Para fines prácticos de esta columna, debemos entender a la resiliencia como la actividad de reconstrucción a partir de la reflexión y cómo hacemos frente a las adversidades de la vida para incluso salir transformados positivamente de ellas. La resiliencia es un proceso, el cual te permite sensibilizarte y te hace consciente de tú situación, de tu entorno e identificas las herramientas que tienes a tu favor para enfrentar la adversidad.

Aquí llegamos a la empatía, necesitamos practicar la resiliencia para fomentar nuestra empatía, si somos conscientes de nuestros límites, pero también de nuestras aptitudes, podemos impulsar lo que está a nuestro alrededor de forma favorable, permitirnos ayudar a otros y mejorar nuestro entorno. Brindar el servicio aportando nuestra experiencia desde el proceso de resiliencia para enriquecer nuestra comunidad.