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Por Isaac Romero
El deporte mexicano vivió un momento histórico este domingo con la hazaña lograda por Isaac del Toro en las carreteras europeas. A sus 22 años, el joven originario de Ensenada, Baja California, se convirtió en el primer ciclista mexicano en subir al podio del Tour de Francia al amarrar la tercera posición de la clasificación general. Corriendo para las filas del UAE Team Emirates, el “Torito” no solo resguardó el triunfo de su compañero y líder Tadej Pogačar, quien se coronó por quinta ocasión en la competencia, sino que también conquistó el jersey blanco como el mejor joven de la carrera en lo que significó su primera participación en la ronda francesa.
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El logro adquiere una dimensión aún mayor al considerar las circunstancias que atravesó el mexicano antes de llegar a la élite mundial. Hace apenas cuatro años, durante un entrenamiento en San Marino con el equipo de desarrollo Monex, Del Toro sufrió un grave accidente en el que se fracturó el fémur y se cortó una arteria, requiriendo un traslado de emergencia en helicóptero tras perder una cantidad considerable de sangre. Aunque el pronóstico médico indicaba hasta nueve meses únicamente para volver a caminar, el bajacaliforniano inició una intensa rehabilitación a las tres semanas, logrando volver a competir en poco más de un año y ganando una etapa del Tour de l’Avenir 13 meses después de la caída.
Superando la falta de apoyo institucional para el ciclismo de ruta en México y tras dar sus primeros pasos promocionándose a través de redes sociales cuando era adolescente, Del Toro ha tenido un ascenso meteórico. En esta edición del Tour ganó la segunda etapa gracias a un gesto de Pogačar, quien le cedió el remate en meta, y demostró una lealtad absoluta en la decimoquinta jornada al irse al suelo de forma deliberada para evitar que su líder se viera involucrado en un choque masivo provocado por Jonas Vingegaard. La química entre ambos ha llevado a la prensa internacional a bautizarlos como el “rey” y el “príncipe”, con el propio esloveno elogiando el talento y potencial del corredor azteca.
Además del histórico resultado del mexicano, el ciclismo latinoamericano festejó en esta edición de la Grande Boucle gracias al ecuatoriano Richard Carapaz, quien conquistó por segunda ocasión en su carrera la clasificación de la montaña para adueñarse del maillot de lunares rojos tras imponerse en las etapas 18 y 20.









