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El mercado energético mundial ha entrado en una fase de “código rojo” tras una serie de ataques recíprocos en el Golfo Pérsico que han alcanzado la infraestructura de gas más importante del planeta. En una escalada sin precedentes, Irán lanzó una ofensiva con misiles contra la terminal de Ras Laffan en Catar, la planta de gas natural licuado (GNL) más grande del mundo, provocando un terremoto financiero que ya se siente en las gasolineras y facturas de electricidad de Europa y América.
El impacto inmediato en los mercados
La respuesta iraní, que se produce tras un bombardeo israelí contra el yacimiento estratégico South Pars, paralizó una quinta parte del suministro mundial de GNL. El efecto fue instantáneo: el petróleo Brent escaló casi un 10% hasta situarse en los 118 dólares por barril, mientras que el precio del gas natural en Europa registró un salto histórico del 30%.

La empresa estatal QatarEnergy se vio obligada a suspender operaciones, agravando una crisis que comenzó a principios de mes con ataques previos de drones. La gravedad de la situación ha llevado al gobierno de Donald Trump a considerar medidas desesperadas, incluyendo el levantamiento temporal de sanciones al petróleo iraní y ruso que se encuentra en alta mar, en un intento por inundar el mercado y frenar la inflación energética.
Trump y la advertencia a Teherán
Desde Washington, el presidente Donald Trump ha mantenido una postura dual. Por un lado, aseguró que Israel detendrá sus ataques a instalaciones de gas compartidas, pero lanzó una amenaza directa a Teherán: si el suministro catarí vuelve a ser blanco de misiles, Estados Unidos “destruirá por completo” la capacidad energética de Irán.
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Por su parte, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, reconoció la incertidumbre sobre la duración del conflicto, admitiendo que los objetivos militares están sujetos a la estrategia de “Estados Unidos primero” dictada por Trump. Esta falta de una hoja de ruta clara para la desescalada ha generado pánico entre los aliados europeos, quienes dependen críticamente del gas del Golfo para mantener sus industrias a flote.
Consecuencias globales y la postura de los Emiratos
La preocupación se extiende por toda la región. El ministro de Industria de los Emiratos Árabes Unidos, Sultán Ahmed Al Jaber, calificó estos ataques como una amenaza a la estabilidad económica mundial. “Esto no es un intercambio militar, es un ataque contra una nación pacífica y contra la seguridad de los hogares en todo el mundo”, declaró tras reportarse incidentes similares en refinerías de Kuwait y Arabia Saudita.

Con la infraestructura crítica bajo fuego, la guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos ha pasado a ser una guerra de desgaste económico. La realidad es que, mientras los misiles sigan cruzando el Golfo, la seguridad energética de Occidente penderá de un hilo, obligando a las potencias a rediseñar sus alianzas en un tablero internacional que está, literalmente, en llamas.









