🎧 Usa el reproductor para escuchar esta nota
Vuelven las llamadas de miedo
Del clásico, “Un peligro para México” del año 2006, al “Vienen los Rusos”, llega una nueva adquisición del Morenovallismo: “Marín, el nuevo padrino de Morena”.
El viernes pasado, a eso de las 19 horas a quienes esto escribimos nos llegó una llamada del siguiente número: 5536866580, mismo del que, al responder, escuchamos una grabación que decía, palabras más palabras menos, que el nuevo padrino de Morena es Mario Marín.
Sí, lo que le comentamos en nuestra columna pasada. Marín, el nuevo patriarca del Morenismo en Puebla.
Decíamos en esa emisión que el nuevo mecenas del partido redentor de México era el mismísimo “Gober Precioso”, aquel que fue acusado de proteger a una red de pederastia, encabezada por Jean Succar Kuri y socio del impresentable Rey de la Mezclilla, el deleznable Kamel Nacif.
Hoy, sus pecados del pasado fueron redimidos por el manto evangelizador del candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador.
Ante este necesario recordatorio, estimado lector, cabe señalar que las llamadas no tuvieron el efecto deseado por quienes las financiaron, por el contrario, sólo incentivaron al descrédito y apoyo desmedido de la causa del tabasqueño.
Es una realidad que, ante 18 años de campaña ininterrumpida, el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia está más que inmaculado ante cualquier embestida propinada desde la desesperación y la ocurrencia, como fue el caso.
Lo que no entienden los improvisados, que se venden como los gurús de la comunicación política, es que ante un escenario tan polarizado en el que el electorado se pulveriza en cinco opciones, el que tiene la mayor oportunidad de ganar es quien tiene una mayor presencia y conocimiento real ante el sufragante.
Me explico.
Ante las nuevas reglas electorales aprobadas en el año 2014, en el marco de la Reforma Política, -que por cierto, son totalmente ilógicas y disfuncionales-, se acotó aún más la presencia de partidos políticos en medios de difusión masiva y vigiló aún más el gasto electoral para propaganda y activismo electoral, que, aunado al Frankestein que hicieron con el periodo de intercampañas, generaron un boquete a los candidatos que viven del rating y de las campañas de lodo: léase el PRIAN.
Con esa medida desesperada, lo único que hicieron fue caer ante la opinión pública que poco conocía a Ricardo Anaya y en nada a José Antonio Meade.
El tiro les salió por la culata, o como dicen, escupieron para arriba.
La ventaja que hoy ostenta el candidato de Morena, no es de este proceso electoral, es de hace 18 años.
Con esta guerra sucia lo único que hacen es darle más argumentos para decir lo que ha comentado: “Nos tienen miedo y no vamos a caer en provocaciones”.
Los del PRIAN nada más no entienden.
Ese será su epitafio.










