Un estadounidense acaba de donar al Museo del Holocausto, en Washington, las cartas que se envió con Otto Frank y con el cual tejieron una duradera amistad. “Él ponía sus esperanzas en la gente joven”, asegura el donante

Infobae

 Si Ana Frank estuviera viva, si los nazis no la hubieran capturado y recluido en distintos campos de concentración para finalmente morir de tifus en febrero de 1945, hoy cumpliría 90 años. Su nombre completo era Annelies Marie Frank y su historia es una de las más conocidas de esa gran noche horrenda que vivió la humanidad, el Holocausto. Tenía quince cuando la asesinaron. Durante dos años, antes de que la atraparan, permaneció escondida junto a toda su familia en una parte oculta de un viejo edificio de Ámsterdam, lugar donde se mudaron tras huir del nazismo. Allí, en ese un “anexo secreto”, como ella misma lo llamó, se dedicó a escribir un diario que recorrió el mundo. Se lo conoce como El diario de Ana Frank, y fue publicado por su padre, Otto Frank. ¿Quién era Otto Frank? Un hombre que transformó el dolor en voluntad y se dedicó a sembrar conciencia en todo el mundo. Hoy, el día en que su hija cumpliría 90, un amigo suyo, el estadounidense Ryan Cooper, donó las cartas que entre ambos se enviaron al Museo del Holocausto de Washington. Pero la historia empieza antes.

EL ÚNICO SOBREVIVIENTE

 De las ocho personas que se escondieron con ella, el único sobreviviente fue Otto Frank, su padre. Este judío alemán nacido en 1889 tiene su propia historia. Nacido en Fráncfort del Meno, sirvió en el Ejército Alemán durante la Primera Guerra Mundial y consiguió el grado de teniente en 1915. Fue condecorado con la Cruz de Hierro. Se casó con Edith Holländer en 1925 y, fruto de ese amor, tuvo dos hijas: Margot y Ana. En 1933 entendió que tenía que huir. Ya palpaba el ánimo xenófobo en la sociedad. Entonces, cuando Adolf Hitler llegó al poder, decidió partir junto a su familia a Ámsterdam. Allí puso un negocio de la fabricación y venta de pectina y especias, de la empresa Opekta. Detrás de una biblioteca, en ese viejo edificio, construyó un fuerte para que los suyos permanecieran escondidos. Dos años duraron. El 4 de agosto de 1944 la Gestapo los detuvo y los deportó al campo de concentración de Westerbork y más tarde al de Auschwitz. Fue el único que logró salir con vida de ese infierno. Fue en junio de 1945 cuando lo mandan a los Países Bajos, luego de que los nazis abandonen el campo y lleguen los soviéticos en su rescate. LA COLECCIÓN COOPER Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Otto se dedicó a concientizar al mundo sobre los pormenores del Holocausto y luchar contra las posibilidades —latentes en varios países— de que vuelva a ocurrir. Durante los años setenta, se escribió con Ryan Cooper, un estadounidense que tenía veinte años. Cartas sensibles y reveladoras que ahora, luego de varias décadas, Cooper decidió donar al Museo del Holocausto de Washington. Otto Frank murió en 1980. Su objetivo fue cambiar el mundo. Vivió hasta los 91 años y no dejó de intentarlo. “Nos conocimos en 1973, después de escribirle unos meses antes. Experimentamos muchas cosas interesantes. Por ejemplo, me dejó ver el diario original de Ana”, cuenta el estadounidense.

Al verse cara a cara se confirmó lo que ya ocurría en el intercambio epistolar del papel: se hicieron amigos y esa amistad forjada se prolongó hasta la muerte de Otto, en 1980. El 9 de enero de 1972, Otto Frank le escribió a su nuevo amigo, instándole a que se inspirase en el optimismo de su hija: “Quiero recordarle su ardiente deseo de ‘trabajar para la humanidad’ en caso de que ella sobreviva (…) Puedo ver en su carta que usted es una persona inteligente y que tiene su propia personalidad. Críticas, por lo que solo puedo esperar que Anne te inspire para encontrar una perspectiva positiva de la vida”. “Su objetivo era enseñar sobre el Holocausto —explica Cooper sobre Otto Frank—, aunque no tanto sobre el Holocausto como sobre la tolerancia y la Humanidad. Ponía sus esperanzas en la gente joven. Y se inspiró en las cartas que había recibido, la mayoría de jóvenes”. Son más de 80 cartas en total. El museo digitalizará toda la colección de Cooper. Pronto estará online. Hay fotos y otros materiales, como el monedero de Otto, por ejemplo. Ahora están disponibles en el Museo del Holocausto de Washington sumándose a películas, libros, musicales, graffitis y hasta aplicaciones de celular que siguen rindiendo homenaje a Ana Frank, quien hoy cumpliría 90 años.

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.