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El cambio climático se está intensificando y afecta ya a todas las regiones del planeta, según el informe de agosto del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU, IPCC
LA META principal es impedir que el calentamiento del planeta sobrepase un aumento de 1.5 °C
China es desde hace tiempo la ‘fábrica del mundo’ y tiene un papel central en los circuitos de producción de economías alrededor del planeta. Esto significa que los esfuerzos de descarbonización de China tendrán un impacto desproporcionado en industrias enteras y en todas las economías nacionales asociadas con esas industrias
BBC
Dado lo que está en juego, es uno de los encuentros más importantes de la historia.
¿Su tema central?: qué harán los gobiernos del mundo para impedir que el cambio climático produzca sus efectos más catastróficos.
Se espera que cerca de 25,000 personas asistan en Glasgow, en Escocia, a la cumbre de cambio climático que se celebra entre el 31 de octubre y el 12 de noviembre.
El encuentro anual reúne a las partes de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático (UNFCC por sus siglas en inglés), y la de Glasgow es la Conferencia de las Partes o COP número 26.
La cumbre de este año ocurre cuando la humanidad enfrenta una encrucijada que no podría ser más clara.
El cambio climático se está intensificando y afecta ya a todas las regiones del planeta, según el informe de agosto del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU, IPCC.
2021 ha dejado cientos de muertes por inundaciones, olas de calor, huracanes e incendios forestales, eventos que según los científicos son más frecuentes y más intensos debido al cambio climático.
“Hoy nuestro futuro y presente están en riesgo. Esta crisis nos ha alcanzado y está en juego la vida, sobre todo de las comunidades más vulnerables”, dijo a BBC Mundo la estudiante de ingeniería ambiental mexicana Alejandra Gálvez, quien asistirá a la COP26 como miembro del movimiento “Viernes por el Futuro México”.
La meta principal es impedir que el calentamiento del planeta sobrepase un aumento de 1.5 °C (grados centígrados) respecto al siglo XIX. Y para ello se requieren recortes drásticos y urgentes en las emisiones de CO2 o dióxido de carbono, el principal gas de invernadero liberado por la quema de combustibles fósiles.
La temperatura del planeta ya aumentó 1,1 grados en promedio, según el informe de agosto del IPCC.
Fue en los Acuerdos de París, adoptados en la COP21 en 2015, que la mayoría de los países del planeta se comprometieron a “mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitar ese aumento de la temperatura a 1.5 °C”.
“Hay una diferencia notable entre los riesgos con un aumento de 1.5 °C versus un incremento de 2 °C“, explicó a BBC Mundo Michael Oppenheimer, experto en cambio climático de la Universidad de Princeton y autor o revisor de varios informes del IPCC.
El científico señaló que si bien cada incremento de calentamiento adicional causa más daños y más pérdidas de vida, “cuando superamos un aumento de 1,5 °C estos efectos comienzan a darse en forma no linear”.
“Eventos como el calor extremo, daños por ciclones tropicales, inundaciones por precipitaciones más intensas, todo ese tipo de impactos dañinos y letales se vuelven más y más comunes y más y más intensos a medida que el calentamiento supera los 1.5 °C“.
Oppenheimer es uno de los autores del informe “Calentamiento de 1.5 grados” del IPCC, que deja en claro la gran diferencia de riesgos entre un aumento de 1.5 °C y 2 °C.
Con un aumento de 2 °C, por ejemplo, los arrecifes de coral, uno de los ecosistemas más importantes del planeta, prácticamente desaparecen.
¿Qué hay que hacer para no superar 1.5 °C?
El IPCC lo dijo en forma categórica.
Si se quiere cumplir la meta de 1.5 °C habrá que disminuir las emisiones CO2 en un 45% para el año 2030. Y para 2050 las emisiones deben alcanzar el cero neto (es decir, el CO2 emitido debe compensarse por mecanismos que absorban el gas, como la plantación de árboles, o tecnologías que capturen el gas y lo almacenen en forma subterránea).
Sin embargo, contrariamente a lo requerido, las emisiones de gases de invernadero van camino a un incremento para fin de esta década de 16% respecto a 2010, según la ONU.
Y los planes actuales de producción de petróleo, gas y carbón a nivel global exceden en más del doble el nivel necesario para no superar 1.5 °C.
Esto se da a pesar de la gran disminución en los precios de energías renovables. El costo de los paneles solares, por ejemplo, cayó un 82% entre 2010 y 2019, según un informe reciente.
Sin cambios drásticos en las emisiones, el mundo se dirige a un aumento de temperatura de al menos 2.7 °C para fin de siglo, según advirtió la ONU este mes.
Según el Acuerdo de París de 2015, los países deben anunciar cada cinco años nuevas y más ambiciosas metas de reducción de emisiones. La primera vez que esto ocurrirá es en la COP26, que estaba prevista para 2020 y fue postergada por la pandemia.
Esas metas se conocen en la jerga climática como “contribuciones determinadas a nivel nacional” o NDC por sus siglas en inglés.
Muchos países han anunciado en años recientes planes de llegar al “cero neto” de emisiones en 2050 (EE.UU., Reino Unido), o 2060 (China).
“La COP 26 debe llegar a acuerdos de una reducción enorme de las emisiones globales hasta 2030”, dijo a BBC Mundo Carlos Nobre, investigador del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Sao Paulo y experto en la Amazonía.
La cumbre debe obtener “no sólo promesas para 2050, sino compromisos de reducciones rápidas de emisiones con planes concretos de transición para economías de bajo carbono, algo que ya es tecnológicamente factible, pero se está implementando muy lentamente a nivel global en los sectores de energía, agricultura e infraestructura, entre otros”.
El científico brasileño también señaló que “una de las acciones urgentemente necesarias es eliminar los enormes subsidios que la economía actual da a sectores altamente contaminantes, como por ejemplo, el más de un trillón de dólares anuales de subsidios para los combustibles fósiles, que son la mayor fuente de emisiones”.
Para el científico británico James Dyke, “las políticas de cero neto pueden ser una trampa peligrosa“.
“Esas políticas pueden dar licencia a una mentalidad temeraria de “quemar ahora y pagar luego”, señaló Dyke, director del Instituto de Sistemas Globales de la Universidad de Exeter en Inglaterra y autor del libro “Incendio, Tormenta, Inundación: la violencia del cambio climático”.
La tecnología para extraer dióxido de carbono de la atmósfera es aún muy limitada, advirtió el científico.
Por ello, las promesas de cero neto “pueden dar a los políticos y empresas una forma de ‘lavado verde’. En lugar de introducir cortes rápidos en el uso de combustibles fósiles invocan un futuro optimista en el que sea posible retirar en forma segura las emisiones de carbono”.












