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El Reloj del Juicio Final describe lo cerca que está la humanidad del Armagedón, pero ¿de dónde vino, cómo se lee su tiempo y qué podemos aprender de él? El investigador de riesgo existencial SJ Beard nos lo explica
Cada año, el anuncio destaca la compleja red de riesgos catastróficos que enfrenta la humanidad, incluidas las armas de destrucción masiva, el deterioro del medio ambiente y las tecnologías disruptivas
LANGSDORF diseñó el reloj enfatizando en la urgencia de la amenaza a la que nos enfrentamos y en la creencia de que ciudadanos responsables podrían prevenir una catástrofe nuclear al movilizarse y e involucrando a los demás.
Por eso en su diseño las manecillas del reloj pueden ser adelantadas o retrasadas
BBC
La primera vez que escuché hablar del Reloj del Juicio Final fue en el colegio, a mediados de los años 90, cuando una de mis maestras me lo mostró en una imagen.
Nos intentó explicar que si todo lo que ha pasado en nuestro planeta se comprime a un solo año, la vida hubiera emergido en marzo, los organismos multicelulares en noviembre, la aparición de los dinosaurios hacia finales de diciembre y que los humanos hubieran hecho su arribo hacia las 23:30 del último día del año.
Luego comparó esta gran parte de la historia con lo corto que podría ser nuestro futuro, y nos contó sobre un grupo de científicos en EE.UU. que pensaban que apenas nos quedaban, metafóricamente hablando, unos pocos minutos hasta la medianoche, hasta el apocalipsis.
En este momento, no se me pasó por la cabeza que algún día yo terminaría trabajando en el mismo problema como investigador del Centro de Estudios del Riesgo Existencial (CSER) de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido. Es una historia poderosa que durante muchos años me hizo pensar que las manecillas del Reloj del Juicio Final representaban el tiempo que nos queda antes del final.
El pasado 20 de enero, los científicos Boletín de Científicos Atómicos (BAS, por sus siglas en inglés), responsables del Reloj del Juicio Final, publicaron por sus conclusiones anuales sobre lo cerca que estamos de la “medianoche”.
Cada año, el anuncio destaca la compleja red de riesgos catastróficos que enfrenta la humanidad, incluidas las armas de destrucción masiva, el deterioro del medio ambiente y las tecnologías disruptivas.
2020 fue un año difícil.
En ese año, Rachel Bronson, presidente del BAS anunció que las manecillas del reloj se habían movido lo más cerca que habían estado de la medianoche o del apocalipsis. a apenas 100 segundos. El número se mantuvo para este año.
Pero para entender lo que eso realmente significa, se necesita comprender la historia del reloj, cuál fue su origen, cómo leerlo y qué nos dice sobre el predicamento existencial de la humanidad.
La velocidad y la violencia con la que la tecnología nuclear evolucionó fue asombrosa, incluso para aquellos que estuvieron involucrados en su desarrollo.
Poner a funcionar el reloj
En 1939, el famoso físico Albert Einstein y Leo Szilard le escribieron al presidente de EE.UU., Franklin D. Roosevelt, sobre una increíble tecnología nuclear que era tan poderosa que podría tener efectos inimaginados en el campo de batalla.
Tanto que una sola bomba de estas “si era transportada por un bote y detonada en un puerto, podría destruir el puerto entero”. Era una posibilidad muy grande para ser ignorada.
Esta carta condujo al establecimiento de una enorme colaboración científica, militar e industrial, el Proyecto Manhattan, que en apenas seis años produjo una bomba mucho más poderosa que la imaginada por Einstein y Szilard, capaz de destruir una ciudad entera y acabar con su población.
Sólo unos años después de eso, nos enteramos de que los arsenales nucleares eran capaces de destruir la civilización como la conocíamos.
La primera preocupación científica que las armas nucleares podrían tener el potencial de acabar con la humanidad vino precisamente de los científicos involucrados en las primeras pruebas nucleares.
Les preocupaba que sus nuevas armas pudieran quemar la atmósfera por accidente, pero pronto esas inquietudes fueron rechazadas y para la tranquilidad de todos, resultaron ser falsas.
A pesar de ello, muchos de los que trabajaban en el Proyecto Manhattan continuaron teniendo serias reservas sobre el poder de las armas que ayudaron a crear.
Después del primer intento exitoso de dividir el átomo en la Universidad de Chicago en 1942, confirmando su potencial para liberar energía, el equipo de científicos que trabajaba en el Proyecto Manhattan se dispersó. Muchos se mudaron al complejo de Los Álamos y a otros laboratorios del gobierno para desarrollar armas nucleares.
Política y Ciencia
Algunos de los científicos se quedaron en Chicago, continuando con sus propias investigaciones. La mayoría de ellos eran inmigrantes en EE.UU. y eran conscientes de la profunda interrelación entre la política y la ciencia.
Este grupo se comenzó a organizar de forma activa en un intento por mantener la tecnología nuclear a salvo.
Uno de esos intentos fue producir el reporte Franck, en junio de 1945, que preveía una carrera armamentista nuclear como peligrosa y costosa, y argumentaba en contra de un ataque nuclear sorpresa contra Japón.
Como deja constancia la historia, por supuesto sus recomendaciones nunca fueron tenidas en cuenta.
Entonces fue este grupo el que creó el Boletín de los Científicos Atómicos de Chicago (hoy el BAS), cuya primera publicación salió cuatro meses después de que se lanzaran las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki.
Con el apoyo del rector de la Universidad de Chicago y con colegas expertos en derecho internacional, ciencias políticas y otros campos de estudio, lograron crear un movimiento internacional de ciudadanos y científicos capaz de afectar el orden nuclear global.
Tabú nuclear
Por ejemplo, fue tremendamente exitoso al establecer un “tabú nuclear”.
En conversaciones privadas el secretario de Estado de EE.UU. se quejaba que el “estigma de inmoralidad” era lo que evitaba que el país usara armas nucleares.
El grupo escogió permanecer y tener como sede la ciudad de Chicago. Con esa decisión los fundadores del grupo dieron a entender su intención de enfocarse en participar con otros miembros de la comunidad científica y la sociedad civil en las discusiones sobre los desafíos que traía la tecnología nuclear, más que en enfocarse en los líderes militares y políticos que habían desechado sus recomendaciones.
En varias ocasiones anotaron que la presión de la opinión pública fue fundamental en la creación de una responsabilidad política y que la educación era la mejor vía para preservar esa mentalidad.
os años después de su fundación, el Boletín -como fue llamado aquel grupo- escogió publicar sus contenidos en un formato de revista con la idea de ampliar su público.
Fue entonces cuando contrataron al artista Martyl Langsdorf para que diseñara un logo para su nueva portada, para la que produjo el primer Reloj del Juicio Final.
Estaba casada con uno de los científicos que trabajaban en el Proyecto Manhattan, así que entendía la urgencia y desesperación que tenía el grupo del adecuado manejo de la tecnología nuclear.
Langsdorf diseñó el reloj enfatizando en la urgencia de la amenaza a la que nos enfrentamos y en la creencia de que ciudadanos responsables podrían prevenir una catástrofe nuclear al movilizarse y e involucrando a los demás.
Por eso en su diseño las manecillas del reloj pueden ser adelantadas o retrasadas.
En 1949, la Unión Soviética hizo la primera prueba con una bomba nuclear.
La reacción del Boletín fue cambiar las manecillas del Reloj del Juicio Final de siete a tres minutos antes de la medianoche. Al hacerlo, activó el reloj, pasando de una metáfora estática a una dinámica.
Entonces, de acuerdo con Kennette Benedict, exdirectora del Boletín, el reloj evolucionó a ser un símbolo que advierte al “público sobre lo cerca que estamos de destruir nuestro mundo con tecnologías peligrosas de nuestra propia creación. Es una metáfora, un recordatorio de los peligros que debemos enfrentar si queremos sobrevivir en el planeta”. En 1953, el Reloj avanzó una vez más, a dos minutos para la medianoche, después de que EE.UU. y la Unión Soviética detonaran las primeras armas termonucleares.
Esa ha sido la vez que más cerca estuvo de la medianoche durante el siglo XX.










