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La crisis en Oriente Medio se agudiza este martes con ataques simultáneos y una retórica cada vez más hostil entre las potencias involucradas. En el frente marítimo, Irán acusó a Estados Unidos de “traición” y de violar el alto al fuego tras nuevos ataques estadounidenses contra sitios de lanzamiento de misiles y embarcaciones en Bandar Abbas, cerca del estrecho de Ormuz. Washington calificó estas acciones como “defensivas” para proteger a sus tropas, mientras Teherán advirtió que responderá ante cualquier agresión, a pesar de que ambos países mantienen negociaciones en curso —mediadas por Qatar y Pakistán— para convertir la tregua actual en un pacto duradero.
En el Líbano, la situación es crítica. El Ministerio de Salud libanés reportó 31 personas fallecidas y 40 heridas durante esta jornada, calificándola como una de las más mortales desde abril. Los ataques aéreos israelíes impactaron varias zonas del sur y el valle de la Bekaa, incluyendo las inmediaciones de la represa de Qaraoun, la más grande del país.

Las autoridades libanesas han condenado estos bombardeos como violaciones al derecho internacional humanitario, advirtiendo que los posibles daños a la represa representarían un riesgo catastrófico para la población civil.
Por su parte, Israel sostiene que sus operaciones terrestres y aéreas buscan eliminar infraestructura de Hezbollah y alejar la amenaza de drones de su frontera, ignorando los llamados internacionales a un cese total de las hostilidades.
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En el plano diplomático, el panorama sigue estancado debido a discrepancias técnicas sobre el programa nuclear iraní y el levantamiento de sanciones. Aunque funcionarios iraníes regresaron a Teherán tras reuniones intensas en Doha, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, subrayó que aún existen “desacuerdos sobre una palabra o una frase” que impiden la firma de un acuerdo inminente.
La desconfianza persiste también en la esfera social: tras 88 días de apagón, el gobierno iraní comenzó a restablecer parcialmente el acceso a internet, medida que ha sido recibida con escepticismo y sarcasmo por la población local, quienes la consideran un gesto insuficiente y tardío tras meses de aislamiento digital.

Mientras el emir de Qatar instaba en una llamada telefónica con el presidente iraní a priorizar soluciones diplomáticas y evitar una escalada mayor, los mercados internacionales mantienen una postura de cautela extrema. A pesar de que las bolsas reaccionaron positivamente ante la posibilidad de una paz negociada, los precios del petróleo y la gasolina continúan siendo vulnerables mientras el estrecho de Ormuz permanezca bajo control y supervisión iraní.









