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La histórica travesía de diez días alrededor de la Luna está a punto de concluir, pero lo más difícil apenas comienza. Los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen se preparan para la fase de reingreso atmosférico, una maniobra donde la cápsula Orión se convertirá en una “bola de fuego” humana antes de tocar las aguas del océano Pacífico, frente a las costas de California.
A diferencia del trayecto de ida, donde el cohete SLS mostró una precisión impecable, el regreso depende de la integridad del escudo térmico. Este componente vital ha estado bajo la lupa de la comunidad científica desde 2022, cuando la misión Artemis I (no tripulada) sufrió desprendimientos inesperados de su material aislante, el Avcoat.
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El dilema técnico: ¿Márgenes de seguridad o fe ciega?
La NASA ha decidido proceder con el escudo original para no retrasar el cronograma hacia 2028, confiando en una trayectoria de reingreso más corta y empinada. Esta maniobra busca reducir el tiempo de exposición al calor extremo, protegiendo la estructura interna de fibra de carbono y titanio.
Sin embargo, voces críticas como la del exastronauta Charlie Camarda han advertido sobre la falta de un modelo físico que explique por qué se agrieta el material bajo condiciones extremas, comparando la situación con los fallos históricos de los transbordadores Challenger y Columbia. Ante esto, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, ha reiterado que los márgenes de seguridad son “conservadores” y suficientes para traer a la tripulación a salvo.
Operativo de rescate: Zona de exclusión en el Pacífico
El amerizaje está programado para este viernes por la noche cerca de San Diego. La Marina de los EE. UU. y la NASA han establecido una vasta zona de exclusión, advirtiendo a la población civil que se aleje del área debido a la caída de restos del módulo de servicio y paracaídas.
Tras el contacto con el agua, los equipos de recuperación esperarán hasta 45 minutos antes de acercarse a la cápsula para descartar riesgos químicos. El éxito de esta maniobra no solo marcará el fin de una travesía récord en el espacio profundo, sino que dará luz verde a la futura Artemis III, la misión que pretende devolver al ser humano a la superficie lunar después de más de medio siglo.













