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El bloqueo marítimo y aéreo de China a la isla pone en riesgo la distribución de chips. La crisis preocupa a un Occidente muy vulnerable a nuevos repuntes inflacionistas
RTVE / El País
El Hecho en Taiwán fue, durante los años ochenta y noventa, sinónimo de juguetes a precios asequibles para muchos hogares occidentales. Pero esa percepción hace tiempo que es errónea: la isla asiática es un enclave tecnológico ahora mismo insustituible por ser el gran productor mundial de chips, imprescindibles para el funcionamiento de coches, electrodomésticos, cámaras, móviles, ordenadores, satélites, drones, misiles y un sinfín de artículos de uso tanto civil como militar.
“Parecería que no tenemos nada que ver con una islita de 24 millones de habitantes, chiquita y lejana. Sin embargo, es un descuido de Occidente que se concentre tanta tecnología allá”.
El presidente de la Asociación Española de la Industria de Semiconductores (AESEMI), Danny Moreno, observa “con preocupación” el desarrollo de la crisis desatada en Taiwán, donde el ejército chino está desarrollando maniobras militares tras la visita de Nancy Pelosi.
El despliegue por mar y aire ha activado las alarmas ante un posible bloqueo de las exportaciones de un país que produce el 60% de los microchips de vanguardia. Con menos siete nanómetros, esa tecnología es imprescindible para móviles, ordenadores y otros aparatos digitales que usamos en el día a día. “Regresaríamos 50 años atrás, donde los televisores eran de tubo, no teníamos móviles, el transporte era rudimentario y no había coches eléctricos”, avisa Moreno.
La situación hipotética sería “de catástrofe”, dice, pero como el resto de analistas consultados por RTVE.es, el empresario cree que la paralización del comercio es inexistente y muy improbable en estos momentos. Ahora bien, la incertidumbre actual también se ve como un aviso, uno que la Unión Europea no debería desoír. “La tecnología de vanguardia determina el arte de la guerra y también el desarrollo humano”, recuerda Miguel Otero, investigador principal del Real Instituto Elcano.
¿Cuál es el interés económico de EEUU en Taiwán?
Estados Unidos y China llevan años batiéndose en una carrera tecnológica, pero este verano el pulso por la industria de los microchips se ha mostrado sin recato con el viaje de Nancy Pelosi a Taiwán. Más allá de las intenciones políticas, la presidenta de la Cámara de Representantes estadounidense no ha escondido sus intereses económicos al reunirse, durante su visita exprés, con la empresa de función de semiconductores más grande del mundo, la taiwanesa TSMC.
“EE.UU. tiene un gran interés en mantener a Taiwán en su esfera de influencia, que sea independiente y de acceso libre. En ese caso, toda colaboración es posible, incluso con una fábrica de TSMC que se está construyendo en Arizona. Pero hasta 2024 no va a estar en funcionamiento y todavía queda mucho tiempo. Me imagino que Nancy Pelosi, además de sus mensajes geopolíticos, también quiere asegurar el abastecimiento de semiconductores por parte de la empresa taiwanesa”, expone Otero. Al tiempo, Washington traslada con su gesto que “estará ahí para protegerlos” frente a China.
En esta guerra comercial, otros movimientos han sido más silenciosos, como las recientes presiones de Washington a Países Bajos para que prohíba a la empresa neerlandesa que fabrica las máquinas para producir microchips (ASML Holding NV) que venda su tecnología a Pekín.
¿Es probable un bloqueo de China a las exportaciones de Taiwán?
Pese a las amenazas de China y las alertas del Ministerio de Defensa taiwanés, de momento no se han reportado problemas serios en la salida de exportaciones de la isla por las maniobras militares, según confirma Alicia García-Herrero, economista jefe de Asia-Pacífico en el banco de inversión francés Natixis, aunque algunos aviones hayan tenido que modificar sus rutas. “Por el momento, el riesgo de que se produzca un bloqueo y eso tenga un impacto inflacionista sobre el mundo, las cadenas de producción, etcétera, es bajo”, pero probable, refiere.
Para la analista, la pregunta ahora es cómo reaccionarán los países occidentales y Japón, lo que sí podría derivar en una escalada. “Mi impresión es que nadie va a hacer nada. Quizás se quejarán, habrá otra declaración del G7, pero nadie va a tomar represalias”, señala. Se trataría de mantener el relato de que la reacción es sólo una “pataleta de China”.
Y en la línea del “pataleo” y las “medidas cosméticas” de Pekín ha incidido también Enrique Fanjul, editor de Iberchina.org y profesor del Máster de Relaciones Internacionales de la Universidad San Pablo CEU, en RNE. “La interrelación económica que hay entre China y Taiwán es muy fuerte: China importa chips de Taiwán, hay miles de empresas taiwanesas que han invertido en China. Yo no creo que Pekín vaya a llevar a cabo medidas de bloqueo comercial y económico importante”, sostiene.
¿Qué impacto pueden tener las sanciones de China en Taiwán?
Mientras Nancy Pelosi visitaba a las autoridades de Taiwán, China suspendió las exportaciones de arena natural a la isla y detuvo algunas importaciones de frutas y pesca. Fue una de las primeras reacciones del gigante asiático, después de múltiples amenazas, sin embargo, la medida no parece muy contundente.
“Lo hemos calculado y no llega al 2 % de las importaciones de Taiwán. No es un problema y seguro que también hay maneras de evitar la prohibición. Con la arena (que se utiliza en la manufactura de microchips por el silicio), igual, eso no va a parar la producción de semiconductores”, señala Alicia García-Herrero, de Natixis, tras analizar para los inversores los detalles de la represalia china.
El presidente Xi Jinping tiene las manos atadas en cuanto a medidas comerciales porque tampoco puede permitirse prescindir de los microchips de Taiwán. “China actúa como ensamblador de productos electrónicos y no puede imponer sanciones sobre esa cadena de suministro. No tendría ningún sentido que de repente hubiese un chip de Taiwán que no pudieran importar”, valoró en RNE el economista Alberto Lebrón, investigador en la Universidad de Pekín.
En este sentido, China y Estados Unidos comparten destino: las dos superpotencias dependen de la industria taiwanesa para conseguir los semiconductores de última generación.












