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La entrevista que realizó el escritor peruano, Mario Vargas Llosa, a Jorge Luis Borges, en Buenos Aires, junio de 1981, forma parte del libro “Medio Siglo de Borges” que se publicará el próximo 18 de junio de forma impresa y digital por la editorial Alfaguara, 2020
II Parte
El País
MVLL. Yo me refería al nacionalismo político.
JLB. Eso es un error, porque si uno quiere una cosa contra otra es que no la quiere realmente. Por ejemplo, si yo quiero Inglaterra contra Francia es un error, tengo que querer ambos países, dentro de mis posibilidades.
MVLL. Usted ha hecho muchas declaraciones en contra de toda posible ruptura de hostilidades entre Argentina y Chile.
JLB. Más aún. Yo actualmente, a pesar de ser nieto y bisnieto de militares y más lejanamente de conquistadores, que no me interesan, soy pacifista. Creo que toda guerra es un crimen. Además, si se admiten guerras justas, que sin duda las hubo —la guerra de los Seis Días, por ejemplo—, si admitimos una guerra justa, una sola, eso ya abre la puerta a cualquier guerra y nunca faltarán las razones para justificarla, sobre todo si se las inventan y encarcelan como traidores a quienes piensan de otro modo. De antemano, yo no me había dado cuenta de que Bertrand Russell y Gandhi y Alberdi y Romain Rolland tenían razón al oponerse a la guerra, y quizás se precise más valor ahora para oponerse a la guerra que para defenderla o participar en ella, incluso.
MVLL. Ahí yo estoy de acuerdo con usted. Creo que es muy exacto eso que dice. ¿Cuál es el régimen político ideal para usted, Borges? ¿Qué le gustaría para su país y para América Latina? ¿Qué régimen le parecería el más adecuado para nosotros?
JLB. Yo soy un viejo anarquista spenceriano y creo que el Estado es un mal, pero por el momento es un mal necesario. Si yo fuera dictador renunciaría a mi cargo y volvería a mi modestísima literatura, porque no tengo ninguna solución que ofrecer. Yo soy una persona desconcertada, descorazonada, como todos mis paisanos.
MVLL. Pero usted se considera un anarquista, básicamente un hombre que defiende la soberanía individual en contra del Estado.
JLB. Sí, sin embargo, no sé si somos dignos. En todo caso, no creo que este país sea digno de la democracia o de la anarquía. Quizás en otros países pueda hacerse, en Japón o en los países escandinavos. Aquí evidentemente las elecciones serían maléficas, nos traerían otro Frondizi u otros…, etcétera.
MVLL. Ese escepticismo no está reñido con algunas declaraciones suyas optimistas que hace sobre la paz, justamente en contra de la guerra, últimamente en contra de las torturas y de toda forma de represión.
JLB. Sí, ya sé. Pero no sé si eso puede ser útil. He hecho esas declaraciones por motivos éticos pero no creo que sean serviciales, no creo que puedan ayudar a nadie. Pueden ayudarme a tranquilizar mi conciencia, nada más. Pero si yo fuera gobierno, no sé qué haría, estamos en un callejón sin salida.
MVLL. Yo le hice una entrevista hace casi un cuarto de siglo en París y una de las cosas que le pregunté…
JLB. Cuarto de siglo… Pará. Qué triste si vamos a hablar de cuarto de siglo…
MVLL. … Una cosa que le pregunté fue qué opina de la política, ¿y usted sabe qué me respondió? “Es una de las formas del tedio”.
JLB. Ah, bueno, está bien.
MVLL. Es una bonita respuesta y no sé si la repetiría ahora: ¿sigue pensando que es una de las formas del tedio?
JLB. Bueno, yo diría que la palabra tedio es un poco mansa. En todo caso fastidio, digamos. Tedio es demasiado… Es un understatement…
MVLL. ¿Hay algún político contemporáneo que usted admire, que respete?
JLB. Yo no sé si uno puede admirar a políticos, personas que se dedican a estar de acuerdo, a sobornar, a sonreír, a hacerse retratar y, discúlpenme ustedes, a ser populares…
MVLL. ¿Qué tipos humanos admira usted, Borges? Aventureros…
JLB. Sí, los he admirado mucho pero ahora no sé. Tienen que ser aventureros individuales.
MVLL. ¿Cuál, por ejemplo? ¿Recuerda algún aventurero que le hubiera gustado ser?
JLB. No, a mí no me gustaría ser otra persona.
MVLL. Usted está contento con el destino de Borges.
JLB. No, no estoy contento, pero sé que con otro destino sería otra persona. Y como dice Spinoza, «cada cosa quiere la soledad de su ser». Yo insisto en ser Borges, no sé por qué.
MVLL. Recuerdo una frase suya: «Muchas cosas he leído y pocas he vivido», que por una parte es muy bonita y por otra parece nostálgica…
JLB. Muy triste.
MVLL. Parece que usted lo deplorara.
JLB. Yo escribí eso cuando tenía treinta años y no me daba cuenta de que leer es una forma de vivir también.
MVLL. Pero ¿no hay una nostalgia en usted de cosas no hechas por haber dedicado tanto tiempo a la vida puramente intelectual?
JLB. Creo que no. Creo que a la larga uno vive esencialmente todas las cosas y lo importante no son las experiencias, sino lo que uno hace con ellas.
MVLL. Supongo que eso le ha dado un gran desprendimiento por las cosas materiales. Uno lo descubre al llegar a su casa. Vive usted prácticamente como un monje, su casa es de una enorme austeridad, su dormitorio parece la celda de un trapense, realmente es de una sobriedad extraordinaria.
JLB. El lujo me parece una vulgaridad.
Borges: “Una persona rica puede pensar en otra cosa, pero un pobre, no. Uno piensa en lo que le falta, no en lo que tiene. Cuando yo tenía vista no pensaba que fuera un privilegio, en cambio daría cualquier cosa por recobrar mi vista”
MVLL. ¿Qué ha significado el dinero para usted en la vida, Borges?
JLB. La posibilidad de libros y de viajes y de desarrollarlos.
MVLL. Pero ¿nunca le ha interesado el dinero?, ¿nunca ha trabajado usted para ganar dinero?
JLB. Bueno, si lo he hecho parece que no lo he conseguido. Desde luego es mejor la prosperidad, superior a la indigencia, sobre todo en una zona pobre, donde estás obligado a pensar en dinero todo el tiempo. Una persona rica puede pensar en otra cosa. Yo es que nunca he sido rico. Mis mayores lo fueron, hemos tenido estancias y las hemos perdido, han sido confiscadas, pero bueno, no creo que tenga mayor importancia eso.
MVLL. Usted sabe que buena parte de los países de esta tierra hoy día viven en función del dinero, la prosperidad material es su estímulo.
JLB. Natural que sea así sobre todo si hay esta pobreza. En qué otra cosa puede pensar un mendigo sino en el dinero o en comida. Si usted es muy pobre tiene que pensar en dinero. Una persona rica puede pensar en otra cosa, pero un pobre, no. De igual modo que un enfermo sólo puede pensar en la salud. Uno piensa en lo que le falta, no en lo que tiene. Cuando yo tenía vista no pensaba que eso fuera un privilegio, en cambio daría cualquier cosa por recobrar mi vista y no saldría de esta casa.
MVLL. Borges, una cosa que me ha sorprendido en la modesta casa en la que usted vive, sobre todo en el austerísimo dormitorio que es el suyo, es ver que uno de los pocos objetos que hay en su dormitorio es la condecoración de la Orden del Sol que le dio el gobierno peruano.
JLB. Esa condecoración volvió a la familia al cabo de cuatro generaciones.
MVLL. ¿Y cómo así, Borges?
JLB. La obtuvo mi bisabuelo, el coronel Suárez, que aunó una carga de caballería peruana en Junín. Obtuvo esa Orden y fue ascendido de capitán a coronel por Bolívar. Luego esa Orden se perdió en la guerra civil. Aunque mi familia era unitaria yo soy lejanamente pariente de Rosas —bueno, todos somos parientes en este país casi deshabitado—. Al cabo de cuatro generaciones volvió, por razones literarias, y yo fui con mi madre a Lima y ella lloró porque recordaba haber visto esa condecoración en los retratos de mi bisabuelo y ahora la tenía en las manos y era para su hijo. Estaba muy, muy emocionada.
MVLL. O sea, que la relación de usted con el Perú se remonta a muchas generaciones.
JLB. Sí, a cuatro generaciones. No, es anterior, le voy a decir, yo estuve… Ah, no, no, espere… Sí, yo estuve en el Cuzco y vi una casa con un escudo con cabeza de cabra, y de ahí salió Jerónimo Luis de Cabrera hace cuatrocientos años para fundar una ciudad que se llama Ica, que no sé dónde está, y la ciudad de Córdoba, en la República Argentina. Es decir, es una vieja relación.
MVLL. Así que usted, de alguna manera, es también peruano.
JLB. Sí, desde luego que sí.
MVLL. ¿Qué idea se hacía del Perú antes de ir a Lima?
JLB. Una idea muy vaga que creo que estaba basada sobre todo en Prescott.
MVLL. En la Historia de la conquista del Perú de Prescott. ¿Cuándo leyó esa historia?
JLB. Debo haber tenido siete u ocho años, tal vez. El primer libro de historia que yo leí en mi vida. Después leí Historia de la República Argentina de Vicente Fidel López, y luego las historias romanas y griegas. Pero el primer libro que yo leí, throughout, es decir, del principio hasta el fin, fue ese.
MVLL. Y qué idea tenía del Perú, ¿la de un país tal vez mítico?
JLB. Un poco mítico, sí. Y luego yo fui muy amigo de un escritor sin duda olvidado entre ustedes, el peruano Alberto Hidalgo, de Arequipa.
MVLL. Que vivió mucho tiempo en la Argentina, ¿no es verdad?
JLB. Sí, y él me reveló un poeta del que yo sabía muchas composiciones de memoria.
MVLL. ¿Qué poeta, Borges?
JLB. Eguren.
MVLL. José María Eguren.
JLB. Sí, exactamente. ¿El libro se llamaba “La niña de la lámpara azul”, o no?
MVLL. Es un poema, uno de los poemas más conocidos de Eguren.
JLB. Sí. Y había otro… Tengo una vaga imagen de un barco y de un capitán muerto que recorre el barco. No recuerdo los versos.
MVLL. Es un poeta simbolista de una gran ingenuidad y delicadeza.
JLB. Una gran delicadeza. No sé si ingenuidad. Yo creo que era deliberadamente ingenuo.
MVLL. Digo ingenuidad no en el sentido peyorativo.
JLB. No, no. La ingenuidad es un mérito, claro.
MVLL. No salió nunca del Perú y creo que nunca de Lima y escribió buena parte de su obra sobre un mundo nórdico, de hadas escandinavas y temas especialmente exóticos para él.
JLB. Es que la nostalgia es muy importante.
MVLL. Quizá eso establece alguna afinidad entre ustedes dos, entre Eguren y usted.
JLB. Sí. Es cierto que yo estoy pensando en países que no conozco o que he conocido mucho después. Me gustaría tanto conocer la China o la India…, aunque conozco literariamente mucho ya.
MVLL. ¿Qué país lo conmovió más conocer, Borges?
JLB. Yo no sé, yo diría el Japón, Inglaterra y…
MVLL. ¿Islandia, por ejemplo?
JLB. Islandia, desde luego, porque yo estoy estudiando el idioma nórdico, que es la lengua madre del sueco, del noruego, del danés y parcialmente del inglés también.
MVLL. Es un idioma que se dejó de hablar ¿hace cuántos siglos?
JLB. No, no, se habla contemporáneamente en Islandia. Yo tengo ediciones de los clásicos, obras del siglo XIII, y esas ediciones, que me fue-ron regaladas o compré en Reikiavik, no tienen glosario, ni prólogo ni notas.
MVLL. O sea que es un idioma que no ha evolucionado, que sigue siendo el mismo a lo largo de ocho siglos.
JLB. Es que yo sospecho que la pronunciación ha cambiado. Ellos pueden leer a sus clásicos como si un inglés pudiera leer por ejemplo a Dunbar, a Chaucer, o como si nosotros pudiéramos leer, no sé, el Cantar de Mio Cid o los franceses La chanson de Roland.
MVLL. O los griegos a Homero.
JLB. Sí, exactamente. Ellos pueden leer a sus clásicos en ediciones sin notas, sin glosarios, pronunciándolos sin duda de un modo distinto. Pero, por ejemplo, la pronunciación inglesa también ha cambiado mucho. Nosotros decimos To be or not to be y parece que Shakespeare, en el siglo XVII decía aún, conservando las vocales abiertas sajonas: “Tou be or nat tou be”. Esto es mucho más sonoro, completamente distinto, y resulta casi cómico ahora.
MVLL. Borges, esta curiosidad o, más que curiosidad, esta fascinación suya por las literaturas exóticas…
JLB. Es que no sé si exóticas…
MVLL. Me refiero a su interés por la literatura nórdica o anglosajona.
JLB. Bueno, la anglosajona es la antigua literatura inglesa.
MVLL. …Usted cree que tiene algo que ver con…
JLB. ¿Con la nostalgia?
MVLL. Con Argentina, con el hecho de que Argentina sea un país totalmente moderno, casi sin pasado.
JLB. Yo creo que sí, y que quizás una de nuestras riquezas es la nostalgia. La nostalgia de Europa, sobre todo, que un europeo no puede sentir porque un europeo no se siente europeo sino, digamos, inglés, francés, alemán, español, italiano, ruso…










