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BBC
Las elecciones en Estados Unidos tienen a un candidato que habla de un “enorme fraude” sin presentar evidencias y otro que afirma que se encuentra “camino a la victoria” cuando todavía faltan millones de votos por contar.
Un día después de una jornada electoral que estuvo marcada por la tensión previa, persiste la incertidumbre y eso abre la puerta al “escenario de pesadilla” que era temido por más de uno en EE.UU.
Donald Trump, el presidente que busca ser reelecto, no solo se declaró ganador de los comicios en la madrugada de este miércoles, también anunció que acudirá hasta la Corte Suprema porque asegura que se cometieron irregularidades electorales para perjudicarlo.
Su campaña presentó la primera denuncia para frenar el conteo en Michigan, uno de los estados que puede definir el vencedor.
Probable judicialización de la elección estadounidense
En el bando demócrata Joe Biden insiste en que se cuente “hasta el último voto” antes de que se proclame a un ganador. En la madrugada afirmó que confía que la votación lo convierta en el próximo presidente de Estados Unidos.
“Este es el camino para una batalla judicial prolongada que termina con los partidarios del bando perdedor sintiéndose enojados y engañados”, explica Anthony Zurcher, corresponsal de la BBC en Estados Unidos.
Por eso explica que el “escenario de pesadilla” que se temía va tomando forma.
¿Ganador?
En las últimas semanas, Donald Trump no dudó en afirmar que denunciaría a los demócratas de cometer trampa electoral para robarle la victoria.
“Es un enorme fraude a nuestra nación”, fue lo que dijo al final de la jornada electoral sin presentar pruebas y poniendo en duda la legitimidad de las boletas que no se contaron en la noche electoral.
Otro de los temores existentes, que se confirmó horas después del cierre de los recintos de votación, es que se declaró ganador de manera prematura.
“Nos estuvimos preparando para ganar esta elección. Francamente, ganamos esta elección“, afirmó pese a que aún restan millones de votos por contar.
Desde el bando demócrata, y también algunos líderes republicanos, respondieron rápidamente a los anuncios del presidente.
Jen O’Malley Dillon, de la campaña de Biden, afirmó que lo dicho por Trump es “indignante, sin precedentes e incorrecto”.
“Es un intento abierto por quitarles los derechos democráticos a los ciudadanos”, afirmó.
Añadió que nunca antes un presidente de Estados Unidos “intentó despojar a los estadounidenses de su voz en una elección nacional”.
Alexandria Ocasio-Cortez, del Partido Demócrata y quien fue reelegida para su escaño en el Congreso, también condenó la afirmación de Trump al señalarla como “ilegítima, peligrosa y autoritaria”.
“Cuente los votos. Respete los resultados”, publicó en su cuenta de Twitter.
Mientras tanto, el exsenador republicano de Pensilvania Rick Santorum manifestó su preocupación.
Señaló que estaba “muy angustiado” por los comentarios de Trump. “Usar la palabra fraude creo que está mal”, indicó.
Y Ben Shapiro, un analista conservador pero crítico del mandatario republicano, afirmó que los comentarios del mandatario son “profundamente irresponsables”.
De hecho, después de que Trump habló, el vicepresidente Mike Pence trató de bajar el tono a sus comentarios, se negó a declarar victoria y pidió que se realice el conteo.
“El daño está hecho”
El daño ya está hecho, sostiene el periodista de la BBC Anthony Zurcher.
“Ya sea que Trump finalmente gane o pierda, empañó esta elección ya que cuestionó la maquinaria de la democracia estadounidense”, dice.
Zurcher indica que los votantes estadounidenses no expresaron rechazo a Trump de manera significativa en las urnas, pero tampoco le dieron el respaldo rotundo que el presidente esperaba.
“Entonces, las líneas de batalla están trazadas y la guerra política continuará sin importar quién gane en esta elección en particular”, concluye.
En las cortes y en las calles
Un elemento que se debe tener en cuenta es que cualquier impugnación legal deberá pasar primero por tribunales estatales antes de llegar hasta la Corte Suprema, donde hay una mayoría de jueces conservadores: tres de los nueve fueron nominados por Trump.
Esto significa que si el presidente cumple con sus palabras, el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2020 pueden tardar más de lo que se creía.
Mientras tanto, existe el temor de que la incertidumbre y la negación de resultados pueda generar disturbios en forma de protestas y enfrentamientos.
Por ello, antes del día de la votación, diferentes negocios y edificios optaron por proteger sus instalaciones con láminas de madera ante posibles disturbios.
De momento no se han reportado incidentes, pero la tensión con el paso de los días puede ir en aumento.
Tensa elección en EEUU, la más importante en décadas
Estados Unidos decide este martes si el presidente Donald Trump logra un nuevo mandato o es sustituido por el demócrata Joe Biden, en las elecciones más tensas y difíciles de la historia reciente de este país.
A la fuerte polarización política que vive EE.UU. se suma un avance descontrolado del coronavirus que mató a más de 231.000 personas, causó una calamidad económica y alteró la campaña electoral así como la forma de votar.
Casi 100 millones de estadounidenses sufragaron ya por anticipado o por correo, lo que equivale a más de dos tercios de los votos emitidos en las anteriores presidenciales de 2016 y anticipa un récord de participación.
Además, el país sigue estremecido por una reciente ola de protestas contra el racismo y la brutalidad policial.
Como si eso fuera poco, Trump ha buscado sembrar dudas sobre la limpieza de las elecciones al afirmar con insistencia, pero sin pruebas, que hay un riesgo de fraude y anticipar una batalla legal por la votación, en medio de temores de incidentes o violencia política.
“Quizás nunca hemos visto una elección en toda la historia de EE.UU. donde el propio presidente ha causado tanta tensión, confusión, caos y negación de costumbres fundamentales de la democracia”, dice Allan Lichtman, un historiador especializado en elecciones estadounidenses, a BBC Mundo.
“Un momento tan explosivo”
EE.UU. ha celebrado diversas elecciones en momentos difíciles
Lo hizo por ejemplo en 1860 durante una crisis por la esclavitud que derivó en una Guerra Civil; en 1932 en medio de la Gran Depresión; y en 1940 y 1944 a la sombra de la Segunda Guerra Mundial; y en 1968 tras el asesinato de Martin Luther King y disturbios callejeros.
Pero la de este martes “es la elección más importante desde la Segunda Guerra Mundial: lo que está en juego es el futuro de la democracia estadounidense”, señala Lichtman, profesor de historia en la American University de Washington.
De hecho, la preocupación por la estabilidad de la democracia estadounidense recorre el espectro político, de izquierda a derecha: alcanza a tres de cada cuatro votantes (76%), según una encuesta del New York Times y Siena College.
En este clima de ansiedad e incertidumbre, parte del desafío es asegurar un desenlace ordenado y armonioso de los comicios.
Durante la campaña, Trump evitó inicialmente comprometerse a un traspaso pacífico del poder si fuera derrotado. Luego, en octubre, dijo que sí lo aceptaría, aunque de inmediato añadió que quiere “que sea una elección honesta”
El presidente ha basado sus sospechas de fraude en los votos por correo que aumentaron a niveles récord por la pandemia, aunque ninguna evidencia muestra que ese tipo de sufragios se preste especialmente a trampas.
Trump anticipó el domingo que prevé acciones legales por la votación en lugares como Pensilvania, un estado clave de la elección que puede tardar días en contar los votos por correo.
Biden, quien figuraba en las encuestas con una ventaja consistente a nivel nacional y menor en estados “bisagra”, advirtió el domingo que “el presidente no se va a robar esta elección”.
El candidato opositor había sugerido en junio que los militares podrían escoltar a Trump fuera de la Casa Blanca si se rehusara a aceptar una derrota, algo inimaginable hasta hace poco en este país.
El clima puede enrarecerse aún más si, como prevén expertos, el resultado de la elección demora en conocerse más allá de la noche de este martes o la madrugada del miércoles por el incremento de los votos por correo en algunos estados.
Decenas de organizaciones activistas reunidas en una coalición denominada “Protege los Resultados” prevén protestas callejeras masivas a partir del miércoles en caso de que crean que Trump busca interferir en el recuento de votos.
Algunos temen que se produzcan choques violentos en las calles entre opositores y partidarios del presidente.
“En estas semanas de campaña, el presidente Trump ha pedido a sus simpatizantes que ‘vayan’ a los colegios electorales y los ‘vigilen’, y que los grupos supremacistas blancos armados ‘se mantengan en guardia’ durante las elecciones”, dice Erika Guevara-Rosas, directora para América de Amnistía Internacional, a BBC Mundo.
“Estas no solo son declaraciones preocupantes, sino una clara señal de que los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley deberían estar en alerta máxima para prevenir la violencia política en un momento tan explosivo”, agrega.
n este contexto, la Guardia Nacional ha previsto la posibilidad de desplegarse frente a posibles incidentes y distintos comercios en grandes ciudades como Washington DC, Los Ángeles y Nueva York cubrieron sus vidrieras con madera por temor a eventuales saqueos o hechos de vandalismo.
Sin embargo, otros apuestan que EE.UU. logrará superar los retos que rodean a esta elección, como lo hizo otras veces.
Las dificultades
Lejos de desalentar la participación electoral, las dificultades que presentan estas presidenciales parecen haber llevado a los estadounidenses a votar con una determinación singular y el total de sufragios emitidos podría superar los 150 millones por primera vez en su historia.
De hecho, estados como Texas, Arizona o Hawái ya superaron la participación total que tuvieron en la elección de 2016.
Las reglas sobre cómo y cuándo contar los votos por correo varían por estado: algunos, como Florida o Arizona, los comenzaron a escrutar con anticipación; otros, como Pensilvania y Wisconsin, recién lo harán este martes y esto podría demorar el resultado horas o días.
Cualquiera de esos estados puede resultar clave para determinar qué candidato tiene una mayoría absoluta de al menos 270 votos en el Colegio Electoral que escoge al presidente.
EE.UU. carece de una comisión nacional electoral como las que tienen otros países, por lo que una indefinición del resultado podría acabar dirimiéndose en el Congreso o la justicia.
De hecho, Trump sugirió esta posibilidad en septiembre al justificar su prisa para ocupar el asiento de la Corte Suprema que quedó vacante con la muerte de la jueza Ruth Bader Ginsburg.
“Creo que esto va a acabar en la Corte Suprema”, declaró Trump a la prensa refiriéndose a estas elecciones. “Y creo que es muy importante que tengamos nueve jueces (…). Tener una situación de 4 a 4 no es una buena situación”.
Con el aval del Senado controlado por su partido Republicano, el presidente logró en octubre designar a la jueza Amy Coney Barrett en el puesto vacante.
Es muy inusual que la Corte Suprema defina una elección: ocurrió en 2000 cuando detuvo el recuento de los votos en Florida entre George W. Bush y Al Gore, y en 1876 cuando cinco jueces integraron una comisión que dirimió uno de los comicios más disputados de la historia de EE.UU.










