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Te acompaño a vivir la vida que quieres y a brillar desde decisiones conscientes.
By Luz Ma
¿Alguna vez has pensado qué pasaría si vas a McDonald’s y pides un pollito con mole?…
Obviamente, la persona que te atiende se quedaría confundida. Tú insistes:
“A ver, no es difícil… vengo a comer, aquí venden comida, venden pollo y hay varias salsas…”. Y sí, tienes razón. Pero ese no es el punto.
El problema es que no estás en el lugar correcto. Si quieres un pollito con mole delicioso, puedes ir —entre muchos otros— a El Mural de los Poblanos… pero no a McDonald’s.
¡No! Y por más que argumentes que “podrían tener mole”… no lo tienen. El problema no es del lugar. Es tuyo, por buscar lo que quieres en el sitio menos indicado.
Creo que ya sabes por dónde voy.
Me resulta desgarrador escuchar a personas explicar por qué su relación sería perfecta si el otro cambiara: si hiciera, deshiciera o dejara de hacer… si fuera distinto. En pocas palabras, su relación sería perfecta… si estuvieran con otra persona. Es cierto: nadie es perfecto. Todos somos imperfectos. Pero llama la atención lo insistentes que podemos ser al pedirle peras al olmo.
En lo personal —y desde mi experiencia profesional— hay dos aspectos clave.
El primero: falta de autoconocimiento. ¿Quién eres? ¿Quién quieres ser? En una relación: ¿qué buscas?, ¿qué necesitas?, pero también —y no menos importante— ¿qué ofreces? Cuando no tienes claridad en eso, no tienes ni barco ni brújula. Y sin brújula, navegas a donde te lleve el viento.
El segundo —igual de importante— es la honestidad brutal contigo mismo: ¿De verdad te quieres? ¿De verdad crees que mereces la relación que sueñas? ¿O por eso te conformas con lo primero que aparece y aguantas lo inaguantable?
Acusas al otro de lo que hace o deja de hacer, mientras te colocas en el papel de víctima o mártir… o peor aún, te instalas en la indiferencia ante faltas de respeto, dejando tu dignidad tirada en el suelo.
Soy profamilia —y díganme ingenua si quieren—. Creo en el amor y en el matrimonio. Creo en parejas que son amantes, cómplices y equipo. Parejas perfectamente imperfectas que se eligen todos los días.
No solo lo creo. Las he visto. Existen.
Entonces, la pregunta es inevitable: ¿Será que bajas el estándar… y luego te sorprende no ser feliz? ¿Y si lo que tiene que cambiar no es el otro… sino el lugar donde estás buscando?
¿Y si, en lugar de mirar hacia afuera, empiezas a mirar hacia adentro…
y decides ir, por fin, al lugar correcto a pedir lo que realmente quieres? No es que el amor no exista… es que lo estás buscando en el menú equivocado.









