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El sureste de Turquía vive una jornada de luto y horror. Apenas 24 horas después de un ataque similar en la provincia de Sanliurfa, un estudiante de octavo grado irrumpió en una escuela secundaria en Kahramanmaraş, abriendo fuego contra sus compañeros y maestros. El saldo es devastador: nueve personas fallecidas y trece heridos, seis de ellos en estado crítico.
Crónica del ataque: Armas dentro de una mochila
Según los informes oficiales proporcionados por el gobernador Mukerrem Unluer, el atacante, cuya identidad no ha sido revelada, ingresó al plantel con un arsenal oculto:
El armamento: El menor portaba cinco armas y siete cargadores, equipo que presuntamente pertenecía a su padre, un oficial de policía retirado.
El objetivo: El estudiante entró en dos aulas de quinto grado, donde se encontraban niños de entre 10 y 11 años, disparando de forma indiscriminada.
El desenlace: El atacante murió en el lugar; aunque inicialmente se reportó como un suicidio, las autoridades aún investigan si el disparo fue accidental durante el caos del tiroteo.
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Reacción del Gobierno: “Un ataque personal”
El ministro del Interior, Mustafa Ciftci, descartó categóricamente cualquier vínculo con grupos extremistas o actos de terrorismo, calificándolo como un “ataque personal”. No obstante, la presión social sobre la administración crece debido a la vulnerabilidad de las escuelas.
Detenciones: La cadena NTV confirmó que el padre del menor ha sido detenido para investigar la omisión de cuidado y el resguardo de las armas de fuego.
Precauciones: Ante la pregunta de si se implementarán nuevas leyes de control de armas, Ciftci se limitó a declarar que se tomarán “las precauciones necesarias”.
Un fenómeno inusual en Turquía
Los tiroteos escolares son extremadamente raros en Turquía, país que mantiene leyes de control de armas muy estrictas (solo para mayores de 21 años con licencia). Sin embargo, este segundo evento consecutivo —tras el ataque del martes en Sanliurfa que dejó 16 heridos— ha encendido las alarmas sobre la salud mental de los jóvenes y la proliferación de armas reglamentarias en los hogares de agentes de seguridad.
Videos captados por cámaras de seguridad y testigos muestran escenas desgarradoras de estudiantes saltando desde el segundo piso del edificio para salvar sus vidas, mientras el pánico se apoderaba de la comunidad.












