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Un ataque armado contra el Centro Islámico de San Diego culminó este lunes en una masacre que ha conmocionado a la comunidad estadounidense, dejando un saldo de tres personas fallecidas, entre ellas un guardia de seguridad cuyo heroísmo, según las autoridades, evitó una tragedia de mayores proporciones.
El incidente, que ya está siendo investigado bajo la línea de crimen de odio, fue protagonizado por dos adolescentes de 17 y 19 años, quienes fueron localizados sin vida dentro de un vehículo a pocas calles del lugar, aparentemente por heridas de bala autoinfligidas tras el ataque.

La cronología de los hechos inició la mañana de este lunes cuando la madre de uno de los sospechosos reportó a su hijo como menor fugitivo, informando a la policía que el joven presentaba tendencias suicidas, había sustraído tres armas de fuego de su domicilio y se encontraba acompañado por otro individuo vestido con camuflaje.
Esta alerta activó un protocolo de gestión de amenazas que llevó a las fuerzas del orden a desplegarse incluso en las inmediaciones de una escuela secundaria local, ante el temor de que los jóvenes atacaran otros puntos. A pesar de los esfuerzos, cuatro minutos después de las primeras llamadas al 911, los agentes arribaron al Centro Islámico, la mezquita más grande del condado, encontrando la escena del crimen donde tres adultos habían perdido la vida.

Las investigaciones preliminares han revelado detalles escalofriantes sobre las motivaciones de los atacantes. Según fuentes policiales, se encontró una nota de suicidio con escritos sobre orgullo racial, además de inscripciones de odio grabadas en una de las armas utilizadas. Aunque las autoridades aclararon que la nota no contenía una amenaza específica directa contra la mezquita, el jefe de la Policía de San Diego, Scott Wahl, confirmó que el incidente se trata como un crimen de odio.
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En la misma zona, también se reportó un intento de agresión contra un trabajador de jardinería, quien resultó ileso, intensificando la percepción de peligro durante el despliegue policial que involucró a más de 100 agentes en el registro del inmueble.
El alcalde de San Diego, Todd Gloria, condenó enérgicamente el atentado y prometió reforzar la seguridad en todos los lugares de culto de la ciudad, enfatizando que el odio y la islamofobia no tienen cabida en la región. Mientras tanto, el FBI colabora estrechamente con las autoridades locales en el procesamiento de la evidencia, que incluye las grabaciones de las cámaras de seguridad del recinto.










