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El término “Súper El Niño” (o incluso “El Niño Godzilla”) ha comenzado a circular con fuerza entre la comunidad científica. Se trata de una versión extrema del fenómeno natural ENSO (Oscilación del Sur), que ocurre cuando las aguas del Pacífico central y oriental se calientan significativamente por encima de la media. Mientras que un evento normal eleva la temperatura global, un “Súper El Niño” se define técnicamente cuando las temperaturas de la superficie del mar superan los +2 °C respecto al promedio histórico, un umbral que desata patrones meteorológicos violentos y erráticos en todo el planeta.
Aunque el periodo entre 2023 y 2025 ya ha sido el más caluroso registrado, los modelos actuales sugieren una probabilidad del 33% de que este fenómeno alcance su máxima intensidad entre octubre y diciembre de este año. Sin embargo, expertos consultados por la BBC, como la científica Kimberley Reid, piden cautela: términos como “Godzilla” generan clics, pero la intensidad del calentamiento en el océano no siempre se traduce en la misma magnitud de impacto en tierra. Existe lo que llaman la “barrera de predictibilidad”, un margen de incertidumbre que hace que las previsiones de primavera deban tomarse con reserva.
¿Qué consecuencias tendría para México y el mundo?
De consolidarse este escenario intenso, los efectos serían drásticos y desiguales según la región:
México y Centroamérica: Se espera una temporada de huracanes mucho más agresiva en el Pacífico, mientras que el Atlántico suele mantenerse más tranquilo. Las lluvias torrenciales podrían causar inundaciones en el noroeste del país.
Sudamérica: Países como Perú y Ecuador enfrentan el riesgo de inundaciones devastadoras. En contraste, las zonas del norte que colindan con el Caribe suelen sufrir sequías prolongadas.
Asia y Oceanía: Regiones como Australia, Indonesia y Filipinas podrían enfrentar sequías extremas e incendios forestales, afectando gravemente la producción de alimentos.
Impacto Histórico: No es un tema menor; un “Súper El Niño” a finales del siglo XIX provocó hambrunas que cobraron la vida de más de 50 millones de personas en India, China y Brasil debido a la disrupción en las cosechas.

En un contexto de cambio climático acelerado, la llegada de un fenómeno de esta magnitud no solo elevaría el termómetro global, sino que pondría a prueba la infraestructura de los países latinoamericanos. La clave este año será monitorear si las anomalías térmicas en el Pacífico se mantienen constantes para prepararnos ante un invierno de extremos.








